CAPITULO III

CRIPTOJUDAISMO Y EL OPUS DEI


2. INFILTRACIÓN SECULAR DEL CRIPTOJUDAISMO EN EL CLERO

   
Los criptojudíos no se limitaban a someterse con ardor a las leyes de la Iglesia. Iban mucho más lejos. Llevaban el disimulo hasta límites extremos, hasta el punto que muchos de ellos no vacilaban en  ingresar y engrosar las órdenes religiosas. En el estamento eclesiástico había sacerdotes y obispos oriundos del judaísmo que practicaban ostensiblemente las prácticas religiosas católicas y seguían, simultáneamente y en sigilo, profundamente apegados a la ley mosaica.

Bajo los hábitos talares, bajo las sotanas y casullas, bajo las mitras, mantenían en su corazón, con celoso cuidado, "la llama de la religión paterna y minaron los cimientos de la poderosa monarquía católica" según la opinión del famoso historiador judío Graetz.

No hay que olvidar que los judíos conversos consideraban una vía de integración, de escala y de influencia en la comunidad cristiana, la carrera eclesiástica. De hecho, (38) la iglesia española recibió un copioso aporte judío y ya, en tiempo de Felipe II, cuando el Cardenal Siliceo tomó posesión de la sede primada, se halló que "casi todos los presbíteros de la archidiócesis toledana eran descendientes de judíos y, en una sóla villa, de catorce clérigos, sólo uno era cristiano viejo". Lo mismo sucedía en las órdenes religiosas. Algunos de esos clérigos y religiosos acabaron en la hoguera, como el sonado caso de Fray García Zapata, prior del convento de los jerónimos de Sisla que celebraba incluso las fiestas judías en el interior del propio convento.

Es evidente que la Iglesia española estuvo llena durante todo el siglo XVI de personalidades de origen hebreo que judaizaban de modo claro y rotundo. Nos cuenta Caro Baroja (39) que un prelado famoso por la rigidez y dureza, don Diego de Simancas, narra en su biografía que en el año 1568 "se descubrió en Murcia una gran sinagoga, en la cual de noche predicaba la ley de Moisés un guardián de San Francisco, judío de nacimiento que se llamaba Fray Luis de Valdecañas". Don Diego de Simancas veía a los conversos amenazando la unidad católica.

Por las autoridades de la época se descubrió con asombro y estupor una carta firmada por Usuff, considerado el jefe de la jerarquía máxima de los judíos de Constantinopla, en respuesta a una consulta que la formulara el rabino español Chamorro, sobre el plan a seguir, la forma de actuar y de comportarse de los judíos y conversos españoles, las indicaciones sobre sus manifestaciones externas, sus pautas de conducta en la Península Ibérica. El texto del documento remitido por conducto secreto, seguro y confidencial a Chamorro fue hallado y revelado a la opinión pública. El antropólogo don Julio Caro Baroja (40) ha sintetizado en cinco puntos los extremos que se contenían en la carta-orden y que resumimos sinópticamente:

    1. Convertirse en apariencia al cristianismo
    2. Dedicarse con más insistencia al comercio, para arruinar a los cristianos
    3. Practicar también la medicina y la farmacia, para matar impunemente, si fuere menester a los cristianos.
    4. Hacerse sacerdotes católicos para profanar y destruir la religión y los templos cristianos
    5. Introducirse en los cargos de gobierno para subyugar a los opresores y obtener venganzas variadas.

Las consignas se cumplieron. El documento es coetáneo. Un análisis histórico nos revela la identidad entre las indicaciones dadas y el grado de cumplimiento de la orden recibida en un ajuste perfecto, en una ósmosis total.

Gran número de confesores y predicadores eran de raza semita. Los judíos utilizaban el sacramento de la confesión como fuente privilegiada de información para beneficio propio y de los de su raza. La predicación les servía para tomar notoriedad y obtener canongías y prebendas, rentas y honores, darse a conocer y proferir anatemas.

Por eso no anda descarriado Bataillón al asegurar (41) que fueron hombres de raza judía los que abonaron el terreno para las nuevas tendencias morales y místicas de tan honda resonancia en la espiritualidad española del siglo XVI.

Los conversos eclesiásticos introdujeron por vía intravenosa en el clero su ideología si nos atenemos a la situación privilegiada del clero por aquel entonces, lo que les hacía atrayente y sugestiva su opción y adopción del estado religioso. Se ha escrito que (42) "la tendencia de los conversos a ingresar en el clero era sólo un aspecto de la aspiración general de estas gentes a los empleos cómodos, bien retribuidos y de suficiente categoría social para acallar el complejo de inferioridad que les atormentaba".

El libro de Alborique los acusa de estar "robando las iglesias, comprando los obispados, canongías y las otras dignidades de la Santa Madre Iglesia, tomando órdenes de clérigos, y no creen en la santa fe católica, ni en la misa que dicen". (43)

Aunque numéricamente eran más abundantes en el clero bajo, no era raro, extraño ni singular encontrar numerosos casos de judíos y conversos amparados y protegidos de prelados, miembros del alto clero, que compartían afinidades de raza y religión anterior. La alarma de la presencia de estos altos magistrados eclesiales llegó al propio Vaticano que dictó disposiciones pontificias en las que, para evitar una posible parcialidad en los juicios, se prohibía a los prelados conversos ser jueces en causas de fe. (44)

Las altas dignidades también fueron sorprendidas judaizando, poniéndose en evidencia su condición de falsos conversos, como, por citar un ejemplo, el obispo de Calahorra, don Pedro Aranda, que acabó siendo degradado el 16 de noviembre de 1498 y encarcelado en el Castillo de Sant-Angelo por llevar una doble vida religiosa, con un cinismo y una hipocresía digna de escándalo.

Merece especial atención el caso de los frailes jerónimos, (45) los más ricos e influyentes por este tiempo en Castilla; aunque los conversos pululaban por todas las órdenes, en ninguna alcanzaron un número y unos caracteres de escándalo como entre los jerónimos. Es sintomático que prefieran acogerse a los frailes más ricos y mejor vistos, a aquellos que, valga la frase, estaban de moda en Castilla. El espíritu práctico de los hebreos no falla jamás. "Acordaron retirarse a ella (la Orden Jerónima), muchos conversos y como son tan astutos y les vienen tan de atrás la hipocresía y ceremonia exterior, sin respeto a las veras de adentro, pusiéronse a disimular y conservar aquí mucho tiempo y aún ganar nombre" si nos atenemos al testimonio que queda reflejado por Fray J. de Sigüenza en su Historia de la Orden de San Jerónimo publicada en Madrid en 1605.

Se cuenta en el monasterio de Nuestra Señora de Sisla, en las cercanías de Toledo, que las cosas no debían andar muy bien ya que aumentaba de día en día el número de conversos en la Orden, donde sucedían casos como el de Fr Alonso de Toledo que en su contradicción e infierno espiritual, con ansias ardientes de judaizar, se escapó dos veces no encontrando ni viendo manera de desentenderse de aquel estado permanente de disimulo e incertidumbre; o el de Fr. Juan de Madrid (el cual "no se había metido fraile salvo por guardar mejor la ley de los judíos"). El prior era fray García Zapata, auténtico judaizante que junto a la mayoría de la comunidad, entre los que estaban igualmente Fray Juan de Madrid y Fr. Jerónimo de Vilagarcía, celebraban, todos los años en septiembre, la fiesta judía de las Cabañuelas en el mismo Monasterio. (46) Cuando decía misa el prior no consagraba y en lugar de las palabras de la consagración decía: "Sus, periquete, que te mira la gente". Junto con él varios frailes serían relajados por sus burlas y mofas.

Un hermano de García Zapata, llamado Francisco Álvarez Zapata, era canónigo de la catedral primada y un serio oponente a la implantación en la diócesis del Estatuto de Limpieza, por la cuenta que le tenía.

Siguiendo con los Jerónimos, la Inquisición de Guadalupe había encontrado "de aquesta lepra no solamente en el pueblo, más aun dentro del Monasterio, en Fr. Diego de Marchena, de lo cual se causó mucho escándalo e sospecha".(47) Hasta tal punto llegaron las cosas que en 1486 tiene lugar el famoso capítulo que niega la entrada en la Orden a los conversos y se determina hacer inquisición dentro de la Orden para castigar a los numerosos culpables.

Otro convento de la Orden, el de San Bartolomé de Lupiana, fundado en 1456 por Fray Alonso de Oropesa, desde el primer momento fue sospechoso de albergar judaizantes, lo que se confirmó cuando fueron descubiertos Fray Diego de Burgos y Fray Diego de Zamora entre muchos otros.

En Aragón, Pedro de Almería, judío al servicio de la Corte, se convirtió al cristianismo ingresando como canónigo en la Catedral de Huesca entre 1100 y 1104, recibiendo del Obispo Esteban la almunia-monasterio de San Pedro de Séptimo que había poseído el judío Zavaxorda, pasando después como canónigo a la Catedral de Jaca y de ésta a prior del monasterio de San Adrián de Sasau. Después emigró y retornó al judaísmo. (48)

Otro converso fue Martín García, hijo del médico rabí Azach Xuen que el 17 de marzo de 1507 fue promovido a la primera clerical tonsura en Huesca, ingresando en la misma fecha en el estado eclesiástico Juan de Baraiz, hijo del "magistri Abraham Sustoris quodam civitatis Osce, noviter ad fidem Christi conversus". (49) La familia Fajol, fachol, faxol o faiol, que con las cuatro grafías aparece en los documentos conocidos entre los años 1468 y 1491 (50) también dió clérigos en la zona del alto Aragón y las condenas que contra ellos se vertieron por judaizantes en 1489 parecen demostrar la poca sinceridad de sus conversiones al cristianismo, que no pasarían de ser aparentes. Conversos eran los canónigos Vicente Gómez y Martín de Santángel, este último vicegerente de deán en la catedral de Huesca, en el primer cuarto del siglo XVI, quien costeó la capilla de Santa Ana, en la misma Seo, donde se conserva la imagen orante del prebendado en alabastro policromado.

Los conversos podían ocupar todos los cargos públicos gozando de idénticas prerrogativas que los cristianos, tanto en la Corte como entre las jerarquías eclesiásticas; así encontramos conversos en la Corte de Isabel la Católica; Pedro Arias Dávila, contador mayor y consejero real, al consejero Pedro de Cartagena o de los secretarios de la reina, Fernando Alvarez, Alfonso de Acila y Fernando Pulgar, siendo el confesor de Su Majestad el criptojudío Hernando de Talavera, desde 1478 y encontrando a linajes marranos en Juan de Macuenda, Obispo de Coria; Alfonso de Valladolid, Obispo de Valladolid; Alonso de Palenzuela, Obispo de Ciudad Rodrigo, Pedro de Aranda, Obispo de Calahorra, Juan Arias Dávila, Obispo de Segovia...influencia judaica que se revela hasta en el propio matrimonio de la Reina que fue concertado por un judío público, Alfonso de la Cavallería, y un converso Abraham Señior.

El dominio del clan judío-converso se incrementó al enviudar su esposo el rey Fernando y siguió imperando con Carlos I, donde  incluso el Obispo de Badajoz, titular de la Capilla real, Pedro Ruiz de la Mota, era marrano y la hegemonía no decreció en tiempos de Felipe II donde hasta su propio secretario, Antonio Pérez, eran de estirpe judía y donde la nobleza, la jerarquía y los cabildos estaban bastante controlados por no cristianos,  baste citar como ejemplo al influyente Cardenal Mendoza y Bovadilla o al mismísimo Diego Deza, a la sazón Inquisidor General.

Para protegerse de la "lepra" como se decía se implantaron los estatutos de limpieza de sangre desde 1515 en la Iglesia de Sevilla y Badajoz, en 1530 en la Iglesia de Córdoba -ciudad minada por los conversos- en 1566 en León... y en las Ordenes ocurrió otro tanto aceptándose como salvaguarda del estatuto de limpieza desde 1486 en la Orden de los Jerónimos, desde 1489 en los Dominicos, desde 1525 en los Franciscanos donde se decía "que los cristianos nuevos atropellaban a los viejos pretendiendo el dominio total de la Orden, para volver en bloque al judaísmo", o desde 1593 en la Compañía de Jesús , donde el número de marranos era muy elevado. (51)

Para un mejor acceso al estamento eclesial los judíos recurrían a la trampa de las trampas, o sea SIMULAR que abandonaban la religión judía, para transformarse falsamente en miembros del pueblo invadido, convirtiéndose fingidamente a la religión de dicho pueblo y cambiando sus nombres (52) por los usuales del pueblo invadido y al que querían conquistar, infiltrándose en él y en su Iglesia como el caballo de Troya.

La Santa inquisición llegó a encontrar archivos secretos entre paredes, en sótanos bien camuflados y hasta en subterráneos de Iglesias cristianas y conventos controlados por los judíos y judías infiltrados en el clero o incluso en casas de obispos que gozaban de fama de muy buenos cristianos.

Algunos autores (53) consideran que estos judíos con sotana es la peor catástrofe que ha sufrido el cristianismo en toda su historia.

En el siglo XVII por judaizante fue procesado el bachiller Juan López de Vilareal, cura presbítero de La Redonda, diócesis de Ciudad Rodrigo y cura propio de Riofrío, de la diócesis de Astorga, o Jacinto Vázquez Araujo, capellán de la Catedral de Orense, detenido en 1687, o el famoso Felipe Godínez, cura de Sevilla que hacía ostensible manifestación de criptojudaísmo y llego a escribir dos obritas literarias La reina Esther y El Arpa de David, donde disimuladamente vertía proposiciones judaicas. (54)

El clero criptojudío, bajo "el barniz de un catolicismo real escondía en su corazón sus verdaderas convicciones religiosas". (55) Socabada desde dentro la estructura de la Iglesia Católica, alcanzando desde sus posiciones de privilegio empleos cómodos, bien remunerados y de indudable categoría social.

También en la Orden de San Agustín, en su convento de Sevilla se descubrió un círculo judaizante y cuando el prior quiso corregirles fue asesinado en 1536. (56)

Por citar enumeraremos los más escandalosos y significados judaizantes de diferentes diócesis, como el canónigo de Córdoba Pedro Fernández de Alcaudete que era sacrílego, y su compañero de Catedral, Gómez Fernández Solano; el prior de la iglesia de Santiago, Bartolomé Pordel; Miguel Baeza, clérigo beneficiado de la Iglesia de Baeza; el canónigo de la Seo Leridana, Dalmay de Tortosa, que practicaba la superchería, que siempre llevaba consigo una nómina judía escrita en hebreo y que celebraba la pascua judía; compartía también la superstición el clérigo de Calahorra, Diego Sánchez, nigromante y criptojudío; el clérigo García de Alava, detenido en Burbáguena por predicar públicamente la Ley de Moisés, o el cura Pedro López de la Iglesia de San Salvador de Cuenca, que tenía más de sinagoga que de templo cristiano, pues también Francisco de la Barrera, sacerdote de la misma Iglesia, era matarife que sacrificaba animales siguiendo el rito judaico.

La inquisición, con independencia de su benemérita actuación, fue blanco de la infiltración de criptojudíos. Anteriormente hemos hecho alusión a uno de los Inquisidores Generales, el cardenal Deza, de origen sefardita, pero no fue el único de tal condición, otros encumbramientos eclesiásticos en el Tribunal del Santo Oficio los encontramos en Juan de Torquemada, cardenal de San Sixto y de inmediata ascendencia judía, siendo en muchos casos los propios judíos los que llevaron sus instituciones de la judería, el Tribunal del Din; a la Inquisición cristiana, (57) protegiendo a los falsos conversos en unos casos y castigando sin piedad al grupo de conversos que se habían apartado en exceso de la fe mosaica. A veces el exceso de celo ocultaba o disimulaba la condición que se quería tapar, por parte del que lo imponía.

Los Jesuitas no quedaron exentos del problema criptojudío y por las venas de muchos sacerdotes de la Compañía corría sangre de Israel, como por ejemplo el Segundo General de la Compañía, fundada por San Ignacio, el Padre Lainez, era descendiente de judíos, como también lo fueron muchos jesuitas famosos de todas las épocas.

Los judíos y jesuitas, nos dice Caro Baroja, (58) pese a que en la Historia se han visto a veces en campos opuestos, han mantenido unos vínculos muy sutiles, que pueden decirse arrancan de los puntos de vista del mismo fundador de la Compañía. San Ignacio mantuvo una postura hostil a los estatutos de limpieza... repetidas veces dijo que hubiera considerado una gracia especial el venir del linaje de judíos. Por lo que no ha de chocar, pues, que entre los primeros y más eficaces colaboradores estuvieran varios conversos; de este linaje fue, como ya hemos apuntado, el segundo general de la Compañía Diego Lainez.

Y junto al converso de Almazán descuella Polanco, el hijo de la adinerada familia, también conversa de Burgos, que no llegó a ser el cuarto general de la Compañía a causa de las fuertes presiones. Hasta 1593 no se implantó el estatuto de Limpieza de Sangre en la Compañía y su incorporación supuso más un trámite formal que real, pues es sabido, por otra parte, (59) que en pleno siglo XVII los hijos de conversos y aún judaizantes estudiaron a menudo con los jesuitas, como es el caso de Isaac Cardoso, llamado "el apologista de Israel".

La infiltración judía en el clero era una técnica de conquista del mundo cristiano que el imperialismo judaico consideró indispensable para dominar a su principal baluarte, la Iglesia de Cristo (60) empleando para ello diversas tácticas, que variaron desde los ataques frontales hasta las infiltraciones. El arma favorita de la quinta columna consistió en introducir en las filas del clero a los jóvenes cristianos descendientes de judíos que practicaban en secreto el judaísmo, para que una vez ordenados sacerdotes trataran de ir escalando en la jerarquía de la Santa Iglesia, ya fuera en el clero secular o en las órdenes religiosas, con el fin de que usaran luego las posiciones adquiridas dentro de la clerecía en perjuicio de la Iglesia y en beneficio del judaísmo, de sus planes de conquista y de sus movimientos heréticos o revolucionarios.

El clérigo falso cristiano criptojudío está realizando, según el criterio rabínico, una empresa santa para sus intereses inconfesables. La quinta columna en el clero ha sido y es uno de los pilares básicos del judaísmo internacional.

Los fines que persigue la infiltración de los criptojudíos en el clero, se explica claramente en un interesante documento que dió a la publicidad el abate Chabauty y que cita el Arzobispo de Port Louis, Monseñor Meurin. Se trata de una carta del jefe secreto de los judíos internacionales, radicados a finales del siglo XV en Constantinopla, dirigida a los hebreos de Francia, dándoles instrucciones, en contestación a una carta anterior que Chamor, Rabino de Arlés, le había dirigido solicitándolas. La carta dice textualmente: (61)

"Bienamados hermanos de Moisés, hemos recibido vuestra carta, en la que nos hacéis conocer las ansiedades e infortunios que os veis obligados a soportar, y nos hallamos penetrados de un dolor tan grande como el vuestro. El consejo de los más grandes rabinos y sátrapas de nuestra Ley es el siguiente:

"Decís que el Rey de Francia os obliga a haceros cristianos; pues bien, hacedlo, pero guardar la Ley de Moisés en vuestros corazones.
"Decís que os quieren arrebatar vuestros bienes; haced a vuestros hijos mercaderes, para que ellos despojen de los suyos a los cristianos por medio del tráfico.
"Decís que se atenta contra vuestras vidas; haced a vuestros hijos médicos y boticarios, a fin de que ellos priven de las suyas a los cristianos sin temor al castigo.
"Decís que se destruyen vuestras sinagogas; haced a vuestros hijos curas y canónigos, a fin de que ellos destruyan la Iglesia Cristiana.
"Decís que atentan contra vuestras vidas; haced a vuestros hijos abogados, notarios o miembros de otras profesiones que están corrientemente a cargo de los   asuntos públicos; por este medio dominaréis a los cristianos, os apropiaréis de sus tierras y os vengaréis de ellos.
"Seguid esta orden que os damos y veréis por experiencia que, por abatidos que estéis, llegaréis a la cúspide del poderío.
"Firmado V. S. S. V. E. F. Príncipe de los judíos de Constantinopla al de Casleo de 1489".

Los réprobos fueron despreciados por su cínica adhesión a las prácticas católicas. Se denunciaba su deslealtad y su falta de sinceridad. Decenas de miles de nuevos cristianos se sometían exteriormente, iban mecánicamente a la Iglesia, mascullaban oraciones, ejecutaban ritos y observaban las costumbres, pero el espíritu no había sido convertido. (62) Seguían guardando clandestinamente las fiestas judías, comían sus propios alimentos, conservaban restringidos sus círculos de amistades hebreas y estudiaban su antigua ciencia y costumbres. Amador de los Rios, autor apologético del judaísmo y del marranismo, resalta cómo en Zaragoza "los conversos se conceptuaron depositarios de la antigua cultura de sus mayores y pusieron la mira no solamente en los cargos menores de la república, sino también en las dignidades eclesiásticas". (63)

Todos los historiadores judíos admiten y reconocen que los conversos alcanzaron "exaltadas posiciones en la organización del clero" - Joseph Kastein- para, según la Enciclopedia Judaica Castellana que como "Daniel Israel Bonafoy, Miguel Cardoso, José Querido, Mardoqueo Mojiaj y otros, defendían el marranismo como un método de socavar los cimientos del enemigo y como un medio que contribuía a hacer más elástica la lucha contra él... a los que la reina Esther, que no confesó  ni su raza ni su nacimiento, les parecía su propio prototipo"- Enciclopedia Judaica Castellana, Tomo IV, vocablo España.-

Pero no se piense que estamos hablando sólo en pretérito de algo que aconteció en el pasado, en una etapa histórica o un capítulo ya cerrado. En la Iglesia actual el criptojudaísmo tiene una gran presencia y potencia.

El cardenal Bea, de origen israelí (Bea Ohim) y uno de los grandes artífices del Concilio Vaticano II, antes de cada sesión conciliar iba a recibir instrucciones de los Jefes del Poder Oculto por mediación de los B`nai-B`rith, para hacerlas aplicar en el Concilio. (64) El mismo Pío XII tenía como confesor al judío Bea.

El actual cardenal arzobispo de París Jean-Marie Lustiger nació judío, se educó en la sinagoga y mantiene una postura religiosa ambivalente, siendo un claro favorito de la sucesión en el papado a Juan Pablo II. Es un judioconverso contemporáneo, un criptojudío que alardea de ser "un judío francés" como su primera evidencia (65) y que tiene "conciencia de su origen judío, aunque sólo fuera por mi nombre Aarón. (66)

También  en el clero femenino y en el siglo XX se sigue dando el fenómeno del criptojudaísmo como la hija de Israel  Edith Stein, la hebrea convertida al catolicismo, discípula predilecta del filósofo Edmundo Husserl y célebre en Alemania antes de hacerse carmelita. (67)

En España el criptojudío más famoso de los últimos tiempos es Jose María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, a pesar de que como confirma el padre Basilio Méramo (68)  "el judaísmo está contra la Iglesia y siempre ha sido su enemigo".



REFERENCIAS                                                    

38. Fernández Suárez, p 19.
39. Caro Baroja, p 118.
40. Ibid
41. López Martínez, p 49.
42. Ortiz, Dominguez, "Los cristianos nuevos", p 254.
43. López Martínez, p 113.
44. Ibid, p 114.
45. Sigüenza, Fray J., "Historia de la Orden de San Jerónimo", Vol. III, (Madrid 1605) p 33.
46. Blánquez Miguel, p 191.
47. López Martínez, p 118.
48. Gudiol, Antonio Durán, "La judería de Huesca" (Zaragoza, 1984), p 31.
49. Ibid, p 88.
50. Ibid, p 91.
51. Rivanera Carlés, op cit.
52. Boyer, p 30.
53. Ibid, p 41.
54. Blánquez Miguel, p 236.
55. Ibid, p 190.
56. Ibid, p 192.
57. Formica, Mercedes, Diario ABC (23 de marzo 1969).
58. Wast, Oscar Hugo, "Jesuitas, Opus Dei y Cursillos de Cristiandad", op cit, p 18.
59. Ibid, p 19.
60. Pinay, Maurice, "Complot contra la Iglesia"  (pp 137-138, Spanish Edition).
61. Ibid, pp 138-139.
62. Ibid, p 141.
63. Ibid, p 150.
64. La acción judeo masónica dentro del Concilio (1964).
65. Lustiger, Jean-Marie, "La elección de Dios" (Madrid, 1989), p 16.
66. Ibid, p 17.
67. Lelotte, F., S. J., "Convertidos del siglo XX" (Madrid: Studium, 1956), p 39.
68. Revista "Interviú", No. 780 (22-28 April, 1991), p 28.


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