CAPITULO III


CRIPTOJUDAISMO Y EL OPUS DEI


7. LAS FINANZAS DEL OPUS DEI Y EL JUDAISMO INTERNACIONAL


Al Opus Dei y al judaísmo la experiencia les había enseñado que sólo gracias a la honestidad hay negocios para los pillos. Ya desde los tiempos de la Biblia el mejor negocio es no hacer ninguno. Prestar plata, denarios, a los que hacen negocios para que al cabo de los años, cuando sobrevenga la crisis, al que pide prestado le ahorque el prestamista. (149) Judíos y opusdeístas, tan aferrados al dinero, hacen negocios con los ajenos, es una lección aprendida antaño y compartida, para que si el asunto marcha bien, ganan el financista y su cliente y si sale mal, sólo pierde el cliente.

Los judíos sienten pasión, igual que el Opus Dei, por la Banca y la Finanza. Es la fiebre del oro. Es una atracción hierofántica e irresistible. El goce de la posesión de las riquezas, su búsqueda, el acaparar dinero sin reparar en los medios y sin prestar atención a los escrúpulos o a la moral. La única ética es la de que el fin justifica los procedimientos.

Judíos y opusdeístas se quieren erigir en los banqueros del mundo, para que gobiernos y particulares sean sus eternos deudores. Con la riqueza en sus manos hacen fluctuar los vaivenes de las economías a su antojo. Provocan crisis y momentos de tensión y crean expectativas de estabilidad según sus intereses. Pueden crear pánicos ficticios y salidas de las crisis como un ejercicio de acordeón.

Los vemos atesorar sin límite ni medida, sin contingencia. Estimulan y fomentan la superproducción en ciertos mercados y cuando las operaciones son abundantes sobreviene la crisis no prevista, la crisis de la opulencia, en la que los stocks y los excesos de existencias se liquidan a precios de saldo en beneficio de los financieros y los prestamistas que conocen las leyes mecánicas de su actuación.

La fuerza la cifran en magnitudes de riqueza y oro. Si a los judíos y al Opus Dei se les privara de sus caudales quedarían inermes, vulnerables, peleles.

Para los judíos y criptojudíos sirve el presente razonamiento: "mejor que la espada, el fusil; mejor que el fusíl, el cañón; mejor que el cañón el oro..." (150) Pero de la misma manera que no todos los hombres, no todos los pueblos, ni todas las razas, han sido capaces a lo largo de la historia de manejar la espada, tampoco todos son capaces de manejar los resortes y las palancas del dinero, los hilos de la economía.

El deseo, expresado en forma de premonición o de profecía está próximo a su cumplimiento. Nos referimos al famoso manifiesto de Adolfo Crémieux, fundador de la Alianza Israelita Universal, que redactara en 1860 y que dirigía el magnate Moisés Montefiore cuando le vaticinaba que "no está lejano el día en que todas las riquezas de la tierra pertenezcan a los hebreos". (151) El Opus ha sido creado para sumar al patrimonio judaico los activos de los cristianos, para colmar de bendiciones a sus hermanos los judíos que según su libro sagrado, el Zohar, la "bendición en la tierra consiste en la riqueza", máxima o aforismo del que se impregnan Opus Dei y judaísmo.

En el semanario Cambio 16 del 16 de marzo del 92 podemos leer lo que escribe Luis Carandell significativamente: "En las fiestas del día de Reyes, sus hijos le mandaban poner el roscón, en lugar de las clásicas figuritas de la suerte, monedas de oro de Carlos III, las llamadas "peluconas", sabedores de la enorme satisfacción que les proporcionaba encontrarlas".

No es una norma, sino una inclinación y una tendencia atávica la de atesorar bienes y riquezas. De siempre los prestamistas y financieros predominan entre los judíos y así, durante la Edad Media fueron los judíos los banqueros de Europa pues según el padre Mariana "sabían todas las veredas de llegar dinero". (152) Si a los judíos, como a los responsables del Opus Dei, se les podía aplicar la célebre sentencia de Pedro Sarmiento de que "por grandes astucias y engaños han tomado e robado grandes e innumerables cuantías de maravedís e plata". (153) Y es curioso ver cómo se emponzoñan en toda clase de usuras a las que ha dado un sentido casi religioso. La usura siempre ha sido denunciada y prohibida por la Iglesia para sus fieles y ejercitada hasta la saciedad por los judíos y sus organizaciones afines.

La coincidencia esencial entre judíos y Opus Dei está en que ambos son una sola y misma cosa, eternos servidores del becerro de oro al que orientan todas sus actividades, incluidas las religiosas, cuyas prácticas se asientan en motivaciones económicas, lo que les hace por lo general y cuando se descubren sus intenciones reales, ser hombres repugnantes, sin entrañas y sin Dios, con mayúscula.

Para el Opus Dei, el cristiano es objeto de expolio, de saqueo económico, de materia prima para la explotación y la extracción.

 En el mundo de las finanzas forman un recinto impenetrable para los profanos, dentro de las economías tanto nacionales como internacionales y el Opus Dei ha llegado con su simulación a alcanzar incluso el control de las propias Finanzas Vaticanas, que hasta la fecha le eran de difícil acceso y penetración a los judíos. El Opus en la Iglesia es un poder que en gran parte la atenaza, pero un poder que busca no la perfección por la caridad y el amor, por la ayuda a los pobres y a los necesitados, sino a través de la labor del trabajo en pos de todo lo que signifique expansión de poder y de riqueza.

Para el Opus, la religión tiene una dimensión utilitarista y es un buen caldo de cultivo para el proselitismo interior para la infiltración en todas las esferas de influencia. Así se explica la clandestinidad con la que actúan y la hipocresía de la que hacen gala. Vida doble. Vida de conversos. Vida más judía que cristiana, aunque parezca y digan otra cosa.

Que los criptojudíos intenten el asalto a las riquezas no es una novedad ni una originalidad del Opus Dei. Ya en el siglo XVI, tanto en Portugal como en España, los falsos cristianos eran los elementos más vitales del mundo comercial, de la banca y de las finanzas. Financieros conversos en España eran los Santángel, o el tesorero general de Aragón, Luis Sánchez, o el banquero de la Corte, Alfonso Gutiérrez, de Madrid. En Sevilla, ya en 1480 poseían veinticuatrías Pedro Fernández Cansino, Gabriel de Zamora, Pedro de Jaén, Pedro del Alcázar de Sevilla, Francisco Almazán, y entre las familias de poderosos banqueros conversos estaban los Espinosa, oriundos de Medina de Rioseco, como también lo eran los prestamistas al por mayor, la familia García Sevilla y Pedro de Jerez... Encontramos a los clanes criptojudíos como asentistas, comerciantes, mercaderes, banqueros y prestamistas aventajados.

En el siglo XVII, bajo Felipe IV, los conversos portugueses se desplazan a España para tomar en parte las riendas de la Economía, entre los que están los Cardoso, Luis Correa Monsanto, Marcos Fernández Monsanto, Felipe Maetín Dorta, Simón Suárez o Rui Díaz Angel. El propio Conde Duque de Olivares era marrano y sus dos principales colaboradores eran los corraciales Manuel López Pereira y Jacob Cansino. (154)

Manuel Cortizo era receptor del Consejo de Hacienda y asesor, de S. M. en la Contaduría Mayor de Cuentas. Sebastián Ferro o Hierro de Castro, primo de los Cortizo, fue pagador de Felipe IV en Flandes y comisario de millones. La banca Cortizo, a través de José Cortizo, hijo de Sebastián, apoyó y financió al archiduque Carlos contra Felipe V en 1717 y cuando fue derrotado se marchó a Inglaterra donde volvió a abrazar públicamente el judaísmo muriendo en 1742 como miembro de la sinagoga sefardita.

La situación del poder financiero criptojudío se refleja también en la propia literatura. Quevedo, en su obra La Isla de los Monopatos pone en boca de un rabino las siguientes palabras: "En Ruan somos la bolsa de Francia contra España y, juntamente de España contra Francia; y en España, con traje que sirve de máscara a la circuncisión, socorremos a aquel monarca con el caudal que tenemos en Amsterdam en poder de sus propios enemigos, a quienes importa más el mandar que le difiramos las letras, que a los españoles cobrarlas". (155)

Escrivá de Balaguer parece que leía con deleite y pausadamente, memorizando, los versículos XXIII, 20 del Deuteronomio, en el que se ordena a los hebreos exigir y prestar con interés a los no judíos, pero no a sus consanguíneos "para que Yavé, tu Dios, te bendiga en todas tus empresas, en la tierra en que vas a entrar para poseerla".

La vida terrena para Cristo sólo era una fase de transición, por lo que resulta natural que Jesús no atribuyese ningún valor a los bienes materiales de este mundo y que llegará a expulsar física y violentamente a los mercaderes del Templo. El mismo provenía de una familia pobre, y eligió a todos sus apóstoles entre la gente humilde. No se limitó sólo a arrojar a los cambistas del interior de los recintos sagrados, sino que proclama que "más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de Dios" (Lucas, XVIII, 25). La actitud mental de Jesús estaba en contra del dinero, de la riqueza, del ahorro. Interrogado un día acerca de la posesión de bienes terrenos, instruyó así a sus discípulos: "No toméis nada para el camino, ni báculo, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni llevéis dos túnicas" (Lucas IX, 3). (156)

Pero entre el Opus Dei y el mundo de las altas finanzas internacionales encontramos muchos vínculos con los Rothschild, la Banca Hambroos de Londres o la Morgan de N.Y, aunque sus transacciones e interrelaciones se llevan con el más rígido secreto.

Ernesto Giménez Caballero, el filósofo e ideólogo judío español, vanguardista de nuestras letras, imaginativo, idealista, poeta y quijote, que fuera embajador de España en Paraguay decía que "El Opus Dei era el órgano que ahora Roma necesita para afrontar no sólo el demonio de la técnica, sino su financiador, el gran capitalismo, en manos fundamentalmente, de judíos y protestantes". (157)

Por eso Escrivá de Balaguer quería captar desde "campesinos que cultivasen la tierra en pueblos apartados de la sierra andina, hasta banqueros de Wall Street", (158) amos y esclavos del siglo XX.

Lo que perseguía Escrivá de Balaguer por mediación de su Opus Dei, su vocación genuina y original más o menos explícita, era obtener el poder temporal a través del poder económico.

La prueba de admisión en el Opus, por lo menos en ciertas instancias de la Obra, es dura. La escena, en forma ficción, podría desarrollarse suavizando sutilmente las expresiones, de esta guisa:

-¿Tienes dinero?
- No
- ¿Tienes posesiones; casas, fincas, acciones bancarias?
- No
- ¿Tienes influencias políticas o títulos nobiliarios?
- No
- Pues entonces no nos vales. El Opus Dei no es una oficina de colocación; busca por otro sitio...(159)

Escrivá de Balaguer llegó a escribir sobre la "pobreza espiritual" pero es público y notorio que vivió rodeado de opulencia corporal, con criados, siervas, detalles refinados, delicadezas, suntuosidades...(160)

Para Oscar H. Wast la osadía financiera sin límites que los miembros de la Obra han tenido en España sobrepasa en nivel imaginable a la Orden Jesuita, lo que permite que muchos se interroguen: ¿por medio de qué vías están conectados algunos miembros conspicuos del Opus Dei a la más alta banca internacional? (161)

Por poner algunos ejemplos que den respuesta al interrogante, citaremos el caso del Banco Europeo de Negocios, vinculado al Opus Dei, en el que el capital fundamental fue suscrito por trece entidades bancarias, diez extranjeras y tres españolas. (162) El banco madre y nodriza del Opus, el Banco Popular Español, se reservaba casi la mitad del capital; también suscribieron la Caja provincial de Ahorros de Guipúzcoa y el Banco Zaragozano, controlado por miembros de la Obra y hoy bajo el predominio de la familia judía Koplowitz. El capital financiero internacional estuvo presente en el Eurobanco del Opus con la Banque de l`Indochine, Credit Comercial del France, R. de Lubersac et Cie., la Société Générale, la Bayerische Vereinsbank, la Bankhaus F. Simon, Mediobanca Italiana, Lombard et Cie., Odier et Cie., Hambros Bank Ltd. y el First National Bank de Boston. Todo un selecto grupo de bancos gerenciados por judíos.

En 1962 el opusino Banco Popular Español compraba un fuerte paquete de acciones, concretamente 34.900 de la Banque de l´Intérêts Français perteneciente a los Giscard D´Estaing, del que Rafael Termes, que es antiguo miembro, fue consejero. El miembro del Opus Rafael Termes presidiría durante muchos años la patronal bancaria española. En Suiza el Opus adquiriría inicialmente la casi totalidad de la Banque d´Investiments Mobilier et de Financement, domiciliada en Ginebra. En Alemania, en 1964, el Popular se hizo con el control de la Banca Hardy and Co. de Frankfurt. En Méjico los tentáculos se alargaron en un principio por medio del Banco del País y de la Financiera y Fiduciaria Mexicana, S.A. (163) También la vinculación del Opus en el capital americano era múltiple, siendo, según E. Zujar, (164) "el Opus el grupo financiero más ligado al capital yanki".

No faltaron también inversiones en el sector de la construcción y en el mundo inmobiliario por el Opus Dei, y entre las numerosas empresas que controlan algunas con el sugestivo nombre de Urbanizadora Hebrón o Babel, S.A., evocadores y nostálgicas denominaciones sociales.

La orientación de la Obra en la vida terrenal es nítida hacia el dinero, correspondiendo con su estilo judaico de vida en la concesión de títulos universitarios o la aspiración a los nobiliarios, el amor al dinero, sobre todo al ajeno más que al propio que se convierte en codicia, la colocación de sus hombres en cargos políticos y administrativos, el lujo en la decoración, el comer bien, -"en el Opus se come y se bebe con refinada elegancia y superabundancia" según Angustias Moreno -y el atildamiento en el vestir son cuestiones que tienen una atención primaria para Escrivá y su Obra que repetía sin cesar: "Ricos, inteligentes, bien parecidos y de buena familia quiere su fundador para esta humilde Obra".

Es curioso resaltar que el santo más venerado en la Obra después de San José, sea Nicolás de Bari, que como es bien sabido la Iglesia le considera el patrón de los banqueros. Una clave más para una interpretación elocuente.

Las relaciones económicas con los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial o el Fomento Monetario Internacional, se canaliza en España a través del que los hombres del Opus denominaron "Plan de Desarrollo" que se puso en marcha el 26 de enero de 1962 y a cuyo frente estaba el ministro y numerario Laureano López Rodó. Otro de los hombres destacados del Opus con ligazones financieras internacionales fue Antonio Garrigues, testaferro del Chase Manhattan Bank y emparentado con los influyentísimos Nelson y David Rockefeller. (165)

De forma novelada, que es la forma muchas veces de revelar secretos y decir cosas importantes como si carecieran de importancia, Vicente García en su libro En el nombre del Padre, relata las escenas y situaciones siguientes: (166)

"A la primera hora de la mañana ha despachado telefónicamente con la Comisión de Finanzas, en Madrid y con los altos ejecutivos bancarios de Roma y Londres. Mientras espera que monseñor ya lo haya hecho con Luis Valls, uno de sus banqueros en España y con míster George Dulles, del Chase Manhattan Bank de N.Y., uno de los hombres que más influyen del clan Rockefeller.

"Pero Padre, ¡Rockefeller es judío!., exclama don Benito.

"¿Y qué? ¿Qué tienen de malo los judíos? replica el Padre con energía. Mira, la persona que yo más quiero en este mundo es Jesús, y fue judío. Y la segunda persona que más quiero es María su madre, y también fue judía... por lo demás no es ninguna novedad para nadie que la Obra acoge desde hace años a simpatizantes y protectores de cualquier creencia, fe o ideología siempre que se acerquen de buena voluntad pues... hijos míos, en el Vaticano es la única razón que entienden: el dinero.

"...¡Tenemos que salvar al mundo y esto cuesta dinero! Dinero, dinero, siempre dinero..."

Esa apetencia de dinero, esa ansia de Dios que tenía Escrivá y que confundía con monedas, pues su dios era el propio dinero, le hace erigir holdings bancarios y grupos financieros vinculados a lo más rancio y avaro del sector internacional. Banco Popular Español, Banco Atlántico, entre cuyos consejeros el Opus designará al judío José Salama o más tarde, cuando pasó a integrarse en el "holding de la Abeja de Rumasa" al propio Jesús Aguirre, duque consorte de Alba que ha presidido asociaciones judías que firmará en 1966 un convenio de cooperación e intercambio de acciones con el Continental Illinois Bank and Trust Company de Chicago y cuyo presidente entonces era David M. Kennedy, judío que llegaría a ser en la administración Nixon Secretario del Tesoro y gran cooperador del Opus, los holdings controlados por el Opus fijaban sus sedes además de España, en Luxemburgo - International Holding and Investment Company o la Société Holande Suisse de Participations - o en Suiza- el Norfinanz Bank de Zurich o la Société Anonime de Trust et d´Operations Financieres de Ginebra, o en España, a través de la división bancaria del holding Rumasa... El Opus Dei es el primer grupo oligárquico de las finanzas españolas y el más potente de su Banca privada, ostentando incluso sus miembros la presidencia de algunas de las mayores entidades financieras o de crédito como son el caso del Popular - Luis Valls-, el Banco Bilbao - Vizcaya- Ybarra -, etc.etc...

Entre sus asociados y cooperaciones influyentes en América, el Opus contaba también con el judío M. Erickson, uno de los "reyes de la publicidad" americana. (167) Viceversa pero idéntico hemos visto a hombres del Opus (Enrich Vals, Llopis Guiloche) representado en España los intereses hebreos de Coca Cola Internacional.

Oro, oro, siempre oro. Alfredo Sánchez Bella, ex-ministro del Opus en España que había sido previamente Embajador en Roma, jefe de ciertos servicios de información y "colaborador del FBI" estaba muy introducido en las empresas de compra-venta de oro (168)

Un caso típico de la evolución de la interconexión del Opus en las finanzas internacionales judías nos la da, como botón de muestra, la empresa Ex-intrade que se crea en 1958 con un mínimo capital social y la dirigen dos jóvenes miembros del Opus Dei, un ingeniero y un abogado que son profanos en cualquier asunto relacionado con el comercio exterior y el marketing internacional, lo que no obsta para que antes de transcurrir un año desde la fundación de esta empresa y sin haber realizado prácticamente actividad alguna de lo que constituía su objeto social, el poderoso grupo internacional judío Goldschmit (169) se asociaba con ellos.

Y es que el Opus sin el dinero no vale nada, de la misma manera que el Kahal sin la fuerza del oro es más débil que Sansón afrentado por las tijeras de Dalila. La serpiente judía repta por el mundo católico a través del Opus Dei.

Encontrar el engarce incógnito, el eslabón perdido, es el cierre que sirve de broche a la cadena. Cuando no aflora a la luz se busca con denuedo para que la concatenación vea cerrado su círculo. El Opus Dei también tenía sus lapsus no emergente, ignorado para sus miembros y sus instituciones a excepción de Escrivá y de Alvaro del Portillo que, con el hombre oculto, formaban el triángulo enigmático y elocuente.

El "tercer hombre" era un judío que se convirtió al catolicismo por mera conveniencia, de nombre Bernardino Nogara. Su profesión, banquero. Había nacido en Bellano, en las proximidades del Lago Como, al norte de Italia. Hombre hábil, viscoso, insinuante. Trabajó en su juventud en Turquía como gemólogo. Más tarde se le encomendarían misiones diplomáticas, como su participación en octubre de 1912 en la firma del Tratado de Paz de Ouchy entre Italia y Turquía o su participación en 1919 en la comisión que negoció el Tratado de Paz entre Italia, Francia, Gran Bretaña y Alemania, como corolario de la primera conflagración mundial.

Como banquero fue el representante de la Banca Commerciale italiana en Estambul, pasando posteriormente a hacerse cargo de las finanzas vaticanas por designación del Papa Pío XI, a quien apuntó su nombre el amigo y confidente del Pontífice, monseñor Nogara, hermano del banquero.

Nada más tomar posesión de sus responsabilidades al frente de la economía santa, comenzó a colocar el dinero en actividades y sectores impensables hasta su nombramiento, tales como la Bolsa, las industrias armamentísticas e incluso los profilácticos. Anudó y trabó íntimas conexiones con sus hermanos de raza de las Bancas Rothschild y Morgan de París y Londres, el Credit Suisse, Hambros, J.P. Morgan, The Bankers Trust Company de N.Y., la Banca Continental de Illinois o The Chase Manhattan Bank.

El 23 de junio de 1946 Escrivá aterrizaba en Roma con el firme propósito de quedarse a la sombra de la cúpula de San Pedro. Ese mismo año sería recibido en dos ocasiones por el Papa S. S. Pío XII, los días 16 de julio y 8 de diciembre. La primera audiencia va a tener un significado relevante. Al término de su estancia el Santo Padre le presentó al judío converso y encargado de las finanzas vaticanas, Bernardino Nogara. A partir de ese mismo instante se convertiría ya en el epicentro de la economía del Opus, haciendo las veces de consejero, asesor, mago y corruptor de una larga serie de tropelías financieras que con el visto bueno y la aquiescencia de Escrivá y Portillo, hicieron posible el "milagro".

De este personaje capital nunca se habló en la Obra, ni su nombre es siquiera conocido para personas que se piensan en atalayas de responsabilidad. Es el nombre enigma y misterio, pero también el judío clave para quien se puso a trabajar la maquinaria económica de la Obra.

Tal fue su influencia que en 1956, en agosto de aquel año, el Segundo Congreso General del Opus Dei se celebró en la ciudad suiza de Einsiedeln a instancias de Nogara. En aquel Congreso se debatieron, junto con temas de carácter espiritual a modo de cobertura, otros más profanos como el asalto de la Obra a los Estados Unidos e Hispanoamérica o asuntos de indudable matiz crematístico. La reunión general se prolongó durante tres semanas, acudiendo a la convocatoria casi un centenar de miembros. Cuando se dieron por finalizados los trabajos, Escrivá, Del Portillo y Nogara permanecieron algunos días más para enraizar las redes financieras de la Banca Suiza, haciendo escalas en Zurich, Berna y Ginebra, donde establecieron contactos sólidos e impenetrables entre otros con Mr. G. Drollaert de la Unión de los Bancos Suizos, con Mr. Wintermaier, agente judío que gozó de la confianza de Escrivá, o Zs. Freeman, que estuvo en el secreto silencioso de los hilos invisibles del gran aparato que el Opus Dei instaló en Suiza, donde consolidó el gran centro de su sede económica internacional.

Se trafica con dinero, se evaden divisas, se cobran comisiones fraudulentas, se fuerzan quiebras, se pasa el cepillo de la Obra para instituir un óbolo cuyo destino será Suiza. El Opus trabaja en connivencia directa y subordinada con el capitalismo financiero judaico. EL diseñador de la estrategia y de las tramas operativas fiduciarias, artífice y canalizador máximo de las operaciones hacendísticas y financieras fue el judío Nogara, que en maridaje con Escrivá y con Alvaro del Portillo como testimonio desencadenaron la multinacional del dinero al servicio de los especuladores hebreos, bajo el patrocinio del Opus Dei.



REFERENCIAS                                                   

149. Wast, Oro, p 61.
150. Ibid, p 12.
151. Wast, "El Kahal", p 49.
152. López Martínez, Nicolás,  "Los judaizantes castellanos y la inquisición en tiempos de Isabel la Católica", op cit, p 127.
153. Ibid, p 127.
154. Rivanera Carlés, op cit., p 127
155. Caro Baroja, "Razas, pueblos y linajes", op cit, p 127.
156. Corrado, Pallenberg, "Las finanzas del Vaticano" (Barcelona: Ayma ediciones, 1970).
157. Jardiel Poncela, p 104.
158. Fernández de la Mora, op cit, p 169.
159. Cobo Martínez, Nicolás, "Faro inconfundible", No. 31 (febrero 1989), p 11.
160. Ibid, p11
161. Wast, Jesuitas, Opus Dei, "Cursillos de Cristiandad", op cit, p 62.
162. Ynfante, "La prodigiosa aventura del Opus Dei", p 239.
163. Ibid p, 2 39
164. Zujar, E., "Revolución Española", No. 1 (1966).
165. Magaña, p 70.
166. Gracia Vicente, pp 51 y 54.
167. Ynfante, "La prodigiosa aventura del Opus Dei", p 349.
168. "El Opus de Franco," Revista Area Crítica, No. 2 (Julio 1983).
169. "Le Vaillant", p 267.



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