CAPITULO II


LA VIDA OCULTA DE ESCRIVA DE BALAGUER


2. EL ENTORNO FAMILIAR


José María Escriba Albás, es el segundo de seis hermanos. Nace el 9 de enero de 1902 en Barbastro (Huesca). Su padre José Escriba Corzán se dedica en Barbastro al comercio. (10) Había nacido el 15 de octubre de 1867 en Fonz, aunque su familia había venido de Peralta de la Sal. Negociante, ya en 1894 era uno de los tres socios de "Sucesores de Cirilo Latorre", sociedad que, por desavenencias y disputas por motivos económicos en el reparto del dinero entre los socios, fue disuelta en mayo de 1902, continuando dos de los tres socios, Juan Juncosa y José Escriba, con el negocio de tejidos, prendas y paños - el comercio de paños y tejidos ha sido siempre uno de los oficios predilectos por los judíos españoles desde la Edad Media peninsular - adoptando el nuevo rótulo comercial de "Juncosa y Escriba".

José María nacía en el momento de la crisis de la sociedad "Sucesores de Cirilo Latorre", en un momento en el que su padre, en combinación con Juan Juncosa, trataba de quedarse con la mayor parte del negocio, eliminando a uno de los socios para obtener mayores ganancias. Su madre era la penúltima de trece hermanos. La casa natal de José María fue la del domicilio de sus progenitores que estaba situada en la Plaza del Mercado, llamada así porque era donde se instalaban los puestos para las transacciones y el trapicheo. Fue bautizado el día 13 de enero imponiéndosele los nombres de José María Julián Mariano. (11)

Era en la Plaza del Mercado, en la puerta de su casa, donde jugaba cuando el tiempo lo permitía, a "civiles y ladrones" (12) con los otros niños del barrio. Gustábale a José María esconderse y que no le cogieran los "civiles". Era lo que se dice en el juego infantil un perfecto "ladrón" que sabe simular, esconderse y guardarse de las vistas y de la acción de los que en el doble juego presentaban al orden y la autoridad, es decir, los "civiles".

No era un niño fuerte. (13) Cuando tenía sólo dos años cayó gravemente enfermo y se temió por su vida. Llegó a estar desahuciado por los médicos. (14) Tres de sus hermanas, las tres Marías, murieron en un periodo de tres años, entre 1910 y 1913. José María creía que sería el siguiente por su condición endeble y enfermiza. Voluntariamente se apartó de la compañía de los muchachos de su edad y entró en una profunda depresión.

En una ocasión, estando el niño José María en el Pueblo de Fonz, próximo a Barbastro, de donde era natural su padre y donde tenía algunos tíos carnales como mosén Teodoro o su tía Josefa, a donde había ido a pasar unos días en casa del curato, el hermano de su padre, (15) le "sobrevinieron unos ataques cuya gravedad diagnosticó el médico consultado. Le examinaron los doctores de Fonz, Barbastro y Huesca. Padecía de "alferecías", que es lo que modernamente se llama epilepsias". Escriba padecería de estos ataques convulsivos y que han sido discretamente ocultados y silenciados.

Estudió en el colegio de los Escolapios de Barbastro haciendo su primera comunión en 1912. Según testimonio de Aurelio Español, farmacéutico de Jaca que también cursó en dicho centro su bachillerato, había allí pocos alumnos.

Un testigo de aquella época fue D. José Mur, compañero de escuela de José María en Barbastro, que afirmaba que "su compañero de colegio era un niño normal, no especialmente piadoso ni tampoco especialmente estudioso". (16)

Entre algunos de sus aficiones que nos revelan ya las inclinaciones del futuro fundador, se encuentra la que nos cita su biógrafo oficial Salvador Barnal en un libro publicado por la editorial del Opus, Rialp, en 1976 cuando nos confirma que (17) "José María algunas noches, después de cerrar su madre la tienda, se quedaba ayudando a calcular el dinero que habían hecho ese día; le divertía mucho contar monedas" - rasgo arquetípico de los judíos-

Por otra parte "le gustaban mucho los cuentos". (18)

Escrivá también comentaría, por ejemplo, que "en aquella época eran corrientes las visitas a su casa. Iban las familias y algunas amigas de la madre. El tenía que saludarlas, porque era el niño de la casa, y cuando las amigas de su padre querían besarle se defendía, sobre todo de una parienta lejana de su abuela, con auténtico bigote que pinchaba". (19)

Escriba recibió de sus mayores una educación severa y semítica, rancia. "Desde siempre había hecho notar a sus hijos la importancia de hacer durar las cosas, para ahorrar gastos innecesarios; de pensar muy bien, con sentido común, cualquier compra, sin alargar el brazo más que la manga"; de aprovechar las cosas aparentemente menos aprovechables: "con los hilos que se tiran, el demonio hace una soga" enseñó doña Dolores a su hija Carmen cuando aprendía a coser en Barbastro..." (20)

El padre no tenía muy buena reputación en el pueblo y a finales de 1913, el negocio de telas estaba al borde de la quiebra, presumiblemente fraudulenta. Son los "sinsabores financieros" de los que nos habla Daniel Artigues (21) lo que provocó la salida nocturna, la huída del pueblo, de su familia, después que hubiera el padre dejado a deber fuertes sumas de dinero a los vecinos, proveedores y suministradores, a los que con la evasión y el traslado del pueblo dejó burlados a todos sus acreedores.

Como escribía Francisco Umbral en su diario de difusión nacional: (22) "España no es un país de arribistas. El último fue Escrivá. Los Escrivás, familia de comerciantes huidos en la noche de Barbastro, por evitar acreedores". No se dió la cara, no se hizo frente a las deudas, no se solicitó moratoria para con el trabajo honrado y digno cumplir con los compromisos, se prefirió la salida por la puerta pequeña, con nocturnidad, para consumar el fraude a los acreedores.

Siguiendo el relato del suceso que nos proporciona Luis Carandell (23) la felicidad de la familia quedó bruscamente interrumpida en el año 1915 como consecuencia de la quiebra - en todas partes se habla de quiebra y no de suspensión de pagos - del hasta entonces floreciente negocio de la venta de tejidos. Hay varias versiones respecto de las causas de esta quiebra que había de representar una profunda conmoción en la vida familiar. Un compañero de D. José María Escrivá en el seminario de Zaragoza decía que el propio Escrivá le había contado que su padre había tenido un pleito con unas monjas. En Barbastro también se dice que uno de los socios del negocio, el Sr. Mur, decidió en un momento dado separarse de los compañeros, Juncosa y Escriba, para lo cual les vendió su parte, incluyendo en el contrato la cláusula de no concurrencia, para eliminar Escriba a un futuro y posible competidor en la comarca, pero parece que incumplió dicha cláusula a través de un testaferro, lo que originó la iniciación de un juicio instado por Escrivá y Juncosa del que, al parecer, salieron mal parados, llevando la razón social a la ruina.

El tono dramático de la quiebra lo pone el hecho de que se viera forzada la familia Escriba a abandonar la ciudad, dirigiéndose Juncosa a Huesca y Escriba a Logroño, donde no les pudieran localizar tan fácilmente.

"Algunas personas de Barbastro con las que hablé - relata Carandell - me dijeron que monseñor "estaba amargado" de su ciudad natal y ésta era la razón por la cual no iba más a menudo por allí. Efectivamente Don Josemaría Escrivá de Balaguer no ha visitado Barbastro, al menos oficialmente". (24)

La ruina de su padre en el negocio de tejidos, con la secuela de penurias y privaciones que la familia Escriba tuvo que pasar en los años siguientes, dejó en la mente de José María un trauma profundo que se manifestará, inconfundiblemente, a lo largo de su vida, llegando a afirmarse que "sin la ruina de la razón social Juncosa y Escriba la personalidad del fundador del Opus Dei y, de hecho el Opus Dei mismo, habría tenido un contenido muy diferente". (25)

En Logroño, desde 1915, vive con su familia Jose María que cuenta con trece años de edad, en una buhardilla del número 18 de la calle de Sagasta, donde parecen esconderse de los apremios de los acreedores, en una atmósfera sórdida de estrecheces y penurias económicas. Allí durante el curso académico 1915-16 se matricula en el Instituto de Enseñanza Media de Logroño. El padre, con el estigma de la desconfianza por su pasado inmediato, logra al fin colocarse de dependiente en una tienda de ultramarinos de la ciudad. (26)

En estas circunstancias su entrada en el seminario fue más una cuestión de supervivencia que de arraigada vocación.

Tampoco se puede afirmar que su ambiente familiar fuera moralizante ni ejemplar.

Como estudiante fue mediocre, aunque con descarga, o en su desagravio, tampoco creemos que el entorno familiar fuera el más propicio para que un espíritu se serenase. Ese era el cuadro de familia, realista, viciado, sin aureolas.


REFERENCIAS                                                   

10. Bernal, p 16.
11. Ibid, p 16.
12. Ibid, p 18.
13. Walsh, p 24.
14. Bernal, p 22.
15. Carandell, p 137.
16. Ibid, p 133.
17. Bernal, p 18.
18. Ibid, p 19.
19. Ibid, p 17.
20. Ibid, p 32.
21. Artigues, p 17.
22. Diario "El Pais" (20 enero 1986).
23. Carandell, p 116.
24. Ibid, p 117.
25. Ibid, p 118.
26. Ynfante, "La prodigiosa aventura del Opus Dei", p 4.


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