CAPITULO II


LA VIDA OCULTA DE ESCRIVA DE BALAGUER


5. TENDENCIAS NEFANDAS


Escrivá guardaba un secreto a voces. Aquello que todos pensaban, que muchos han insinuado sin atreverse a decir en público. Escrivá tenía una obsesión, un "defectillo", una tara relacionada con sus comportamientos sexuales. Era homosexual, delicado y pusilánime.

Ya desde su juventud siente la inclinación carnal invertida. En Logroño, en el seminario, tuvo como ya hemos referido problemas derivados de su condición. En Zaragoza, en su pubertad, llamaba la atención porque "nunca salió allí con chicas. Sus maneras elegantes, ese aspecto esbelto de su persona, la apariencia agradable en el trato, atraían a las chicas. Cuando Antonio o algún otro amigo le hacían llegar comentarios en ese sentido, los cortaba exclamando algo así como: "si me conocieran bien, por dentro, tal como soy..."" (73)

Esa tendencia la arrastró durante toda su vida. Un año antes de su muerte, el 23 de junio de 1974, exclamaba a voz en grito en el Teatro Coliseo de Buenos Aires: "Rezad por todos los sacerdotes -pecadores como yo- para que no hagamos locuras". (74) ¿A qué locuras se refería aquel hombre de apariencia atractiva "y una marcada pulcritud, por no decir elegancia en el vestir, a pesar de sus apuros económicos? En el seminario de Zaragoza su forma de vestir le distinguía. La mayoría de los seminaristas, observa Vázquez, eran algo vulgares e incultos. Escrivá de Balaguer era la excepción. Su ropa siempre estaba limpia, sus zapatos siempre brillantes. Aparentemente era motivo de comentario que se lavase de los pies a la cabeza cada día". (75) El biógrafo oficial (76) describe a Josemaría como "guapo, alto y corpulento".

"Desde el primer momento, (77) algunos no entendieron el porte, el talante y los modales de Josemaría. Cuando fue nombrado superior del seminario, -continúa su biógrafo - tuvo como fámulo a José María Román Cuarteto, que le veía siempre muy correcto y más refinado que otros seminaristas: refiere por ejemplo que todos los días se lavaba de pies a cabeza, cosa que no hacían los demás. Estos y otros detalles hicieron pensar a este muchacho que Josemaría no llegaría a ser sacerdote, porque le consideraba con posibilidades humanas para hacer carreras mejores... Lógicamente no todos enjuiciaban así las cosas. Algunos las interpretaban en términos bien contrarios".

María Angustias Moreno nos revela un documento testimonial definitivo al transcribir en su libro (78) el relato de Félix Pons que textualmente dice: "desgraciadamente para mí conocí al Opus, presentado por el sacerdote D. Saturnino de Dios... en 1934 fue cuando me presentó a Escrivá y empecé a ocuparme de la residencia de Ferraz 50. Era simplemente de estudiantes vulgares y corrientes. Para la comida había un muchacho llamado Laureano que se había incorporado a la Obra, procedente del reformatorio de Porta Coeli (de jóvenes delincuentes dependiente del Tribunal de Menores) donde se reunían los del Opus hasta tener esa residencia en Ferraz. Laureano era el administrador de Porta Coeli y les facilitaba local para sus reuniones en dicha institución. En Ferraz se encargaba de la compra y de ordenar las comidas. No lo hacía mal. Por el poco espacio de la residencia con una simple cortina en medio de una habitación, en dos somieres que durante el día eran divanes para sentarse, dormíamos los dos".

"Salvo su basta educación era buen chico y nada se podía decir de él. De comunión diaria se confesaba con el Padre. Y un buen día, sin saber por qué, se marchó a Málaga y Ricardo fue a despedirle a la estación. Cuando Ricardo volvió ví que el Padre pedía una conferencia con un convento de Málaga, donde él mismo le había proporcionado una colocación, que eran quienes le habían sacado de Porta Coeli, y de marcharse de la Obra se quedaba en la calle. Y cual no fue mi estupor cuando al hablar Escrivá con el superior de ese convento le dijo: que se lo había enviado con el pretexto de quitárselo de encima, diciendo a Laureano que necesitaban un mandadero para el Convento, pero que ni lo tomaran, ni lo recomendaran a nadie, porque era invertido. Calcula como me quedé. Esto lo supieron todos, incluso Genaro Gumiel, que te lo confirmará".

De 1934 a 1935 en el Opus no había más que siete y todos vivían con sus respectivas familias, excepto Laureano - el homosexual ya mencionado que estaba junto a Escrivá en la residencia-. Los restantes eran Ricardo Fernándel Vallespin, Saiz de los Terreros, Isidoro Barredo, Jenaro Lázaro Gumiel y Jiménez. Y como incipientes o probables mi hermano Bernardo y, después de mi hermano y yo, Esteban Portillo, Garnica, Fisac, Casciaro y dos estudiantes de medicina hermanos que se apellidaban Fontana. Esos fueron los que aparecieron en Ferraz 50. (79)

Más tarde la vida cotidiana de los numerarios de la Obra se parecería mucho a la conventual y (80) "había tantas prohibiciones con respecto a la vida civil como no ir a fiestas donde pudiera haber mujeres, ni a cines, ni a teatros, que los jóvenes del Opus sufrían constantes malinterpretaciones y críticas de parientes y amigos". Además "como las casas eran pequeñas, los numerarios dormían de dos en dos en cada cuarto". (81)

Sus doce primeros seguidores fueron: Angel Santos Ruiz, Rodríguez Casado, Ignacio Orbegozo, Alfonso Bacells, Juan Jiménez y Vargas, Federico Suárez Verdeguer, Miguel Fisac, Isidoro Zorzano, Alvaro del Portillo, José Luis Múzquiz, José María Hernández Garnica y Pedro Casciaro. "La deserción de Fisac, en el año 1965, sirvió para incrementar el mito, equiparándolo al de Iscariote, manejado en el caso de la Masonería Blanca como carisma". (82) El motivo del abandono de Fisac no fue otro que el de contraer matrimonio, por lo cual fue excluido del círculo, lo que da a entender que el celibato formaba ya parte de las obligaciones impuestas por el fundador.

Parece evidente, escribe Luis Carandell, que Escrivá de Balaguer (83) cultivó desde su juventud esa virtud de líder que consiste en no prodigarse, en administrar sabiamente "el atractivo espiritual e incluso físico que parece tener".

No deja de dar en qué pensar aquella frase que se le atribuye y que recoge en su libro propagandístico de la Obra Jean Jacques Thierry (84) atribuyéndosela a Escrivá que manifiesta "permitidme de no entrar en detalles de los comienzos de la Obra, pues estos principios están íntimamente unidos a la historia de mi alma y pertenecen a mi vida interior".

Escrivá quería vencer su fuerte inclinación con el dolor y el castigo corporal. En la Academia "había naturalmente un cuarto de baño. A pesar de la constante limpieza, sus paredes estaban manchadas de sangre, de las flagelaciones que Escrivá se infligía. (85) Utilizaba una disciplina, una especie de azote de nueve ramales al que había atado trozos de metal y pedazos de cuchillas de afeitar (no se dice si otros residentes se unían, aunque esta práctica penitencial llegó a ser de uso habitual en el Opus). La disciplina y la cadena con púas que se ataba al brazo Escrivá de Balaguer las guardaba en la 'habitación del Padre'. Allí, bajo una representación de la historia evangélica de la pesca milagrosa, se fomentaba la conversación confidencial y se impartía guía espiritual".

El mejor retrato psicológico referente a la homosexualidad del padre Escrivá de Balaguer lo ha pincelado el escritor Vicente Gracia en su obra histórica, narrada en forma novelada titulada En el nombre del Padre editada en 1980. Vicente Gracia conocía bien el Opus, había sido miembro y ha reflejado su vivencia interior. Nos ilustra de cómo el Padre "movía las manos con suavidad" (86) y cómo preguntaba con ansia: "¿Cuándo llegarán los chicos que van a iniciar su curso de teología en el Colegio? Tengo ganas de verlos. ¿Son guapos?" (87) para después "humedecerse piadosamente sus labios" (88) y preparándose para tal evento en la escena familiar que nos retrata:

- "Padre, el sastre está aquí para probarle.

- ¡Ah! ¡La sotana!

Se observa minuciosamente en el gran espejo de tres cuerpos... los faldones de la sotana se abren en un ondulado vuelo que produce el fru-fru de las ropas delicadas.

- Estoy guapo, ¿verdad, Alvaro?" (89)

Cuando los colegiales llegaban a Roma se producían situaciones como éstas:

- Oye, me gustaría verte... ¿eres guapo?

- Don Alvaro me tiene secuestrado aquí en mis habitaciones ¿sabes?... No quiere que os vea hasta el sábado, pero yo no puedo aguantarme más ¿por qué no vienes a verme? ¿En qué habitación estás?

Confuso acepta el fuerte abrazo contra su pecho del Padre y los besos que éste reparte en su frente.

- Jamás dirás a nadie de este encuentro que será siempre un secreto entre tú y yo ¿me lo prometes?

Mientras se deja acariciar los cabellos por las manos del Padre que lo aprieta contra su pecho y lo besa tiernamente en las mejillas".

El tono de voz del Padre se va haciendo cada vez más íntimo y emotivo. Toma las manos a Luis, lo acerca a su pecho y susurra en su oído:

- ¿Me quieres hijo?

- Si Padre.

- Pero ¿Cuánto me quieres?

- No sé, muchísimo.

Juntos los rostros, ceñidos los pechos, en un total enlace espiritual - a un tiempo inconsciente y puro - encendidos en la misma frenética llama de amor a Dios, los dos amantes sellan su contrato con un beso en las mejillas que se desliza húmedamente en la piel.

Al Padre le brillan los ojos y un temblor de labios denuncia su emoción. (90)

No es la única plástica donde Féliz Gracia, que conoció al Padre, nos narra sus peripecias "amorosas". Este otro romance que nos describe tiene lugar entre monseñor Escrivá y un sacerdote:

"Monseñor lo toma de la mano y lo lleva hasta la ventana, acercándolo a la luz.

- ¡Qué facciones más nobles! ¡Se dirían esculpidas sobre piedra satinada!

Monseñor levanta la mano y acaricia con delicadeza la mandíbula del joven sacerdote como si temiera romperla, cual si fuera un bello objeto de cristal.

Monseñor continúa acariciando con dulzura el terso rostro de un hijo bien amado.

- Bueno, bueno... - le disculpa el Padre con ojos y labios húmedos - no tiene importancia. Te perdono si me das otra cosa.

- ¿Otra cosa? ¿Que desea el Padre?

- ¿No lo adivinas? - el Padre sonríe con picardía. Y añade Ahora que nadie nos ve...

Don Víctor, atribulado, da vueltas a su cabeza discurriendo inútilmente.

- Me gustaría que me dieras un beso.

Monseñor no puede evitar que una sombra de arrebol cubra sus mejillas. El joven sacerdote se aproxima al Padre y, abrazándolo levemente, lo besa en las mejillas. Luego, apasionadamente, el Padre devuelve la amorosa caricia humedeciendo con sus labios el cutis terso y perfumado de su hijo, rozando casi el extremo de sus labios". (91)

Esa inquietud interior, ese desasosiego sexual, lo exterioriza irremediablemente en su obra escrita y guía espiritual del Opus, el Camino, del cual vamos a seleccionar algunas de las máximas y consignas que se refieren, entre las muchas que se encuentran, a los sentimientos pederastas de Escrivá:

28 "El matrimonio es para la tropa y no para el Estado Mayor de Cristo. En tanto que comer es una exigencia individual, procrear es solamente una exigencia para la especie, a la que los individuos pueden sustraerse. ¿Sed de paternidad?... Si sacrificamos el egoísmo de la carne, dejaríamos hijos, muchos hijos y un rasgo inefable de la luz.

38 "¿Será cierto, yo no lo creo, yo no deseo creerlo, que sobre la tierra no hay hombres sino vientres?

367 "El platillo más refinado, el más delicioso a lo mejor, se transforma en manjar de los puercos, si es comido por un puerco, para decir las cosas tal como son. Seamos ángeles para ennoblecer las ideas asimilándolas. Al menos, seamos hombres para transformar los alimentos en músculos vigorosos y bellos, tal vez, en cerebro potente...

592 "No olvides que eres... el depósito de basura. Por eso, si acaso el jardinero divino echa mano de tí y te friega y te limpia... y te llena de magníficas flores... ni el aroma, ni el color que embellecen tu fealdad han de ponerte orgulloso. Humíllate; ¿No sabes que eres el cacharro de los desperdicios?

743 "Me hablas de morir "heróicamente": ¿No crees que es más "heroico" morir inadvertido en una buena cama, como un burgués... pero de mal de amor?

999 "¿Qué cuál es el secreto de la perseverancia? El amor. Enamórate y no le dejarás.

302 "Tu crucifijo -por cristiano, debieras llevar siempre contigo tu crucifijo. Y ponerlo sobre tu mesa de trabajo. Y besarlo antes de darte al descanso y del despertar; y cuando se rebele contra tu alma el pobre cuerpo, bésalo también.

563 "Gánate el Angel Custodio de aquel a quien quieras traer a tu apostolado - Es siempre un gran "cómplice"

16 "¿Adocenarte? ¿Tú... del montón? ¡Si has nacido para Caudillo! Entre nosotros no caben los tibios. Humíllate y Cristo te volverá a encender con fuego de amor.

22 "Sé recio. Sé viril. Sé hombre. Y después... Sé ángel.

205 "...Ojalá también vivamos -tú y yo -nuestra... "Tragedia" de la mantequilla.

121 "Hace falta una cruzada de virilidad y de pureza que contrarreste y anule la labor salvaje de quienes creen que el hombre es una bestia...

381 "No te importe si dicen que tienes espíritu de cuerpo.

975 "Urge recristianizar las fiestas y costumbres populares... Pide al Señor que haya quien trabaje en esa labor de urgencia, que podemos llamar "apostolado de la diversión".

655 "Nunca te habré ponderado con bastante encarecimiento la importancia de la discreción.

677 "Oro, plata, joyas... tierra, ¡montones de estiércol! Goces, placeres sensuales, satisfacción de apetitos... como una bestia, como un mulo, como un cerdo, como un gallo, como un toro.

130 "Quítame, Jesús, esa corteza roñosa de pobredumbre sensual que recubre mi corazón, para que sienta y oiga con facilidad los toques del Paráclito en mi alma.

134 "Aunque la carne se vista de seda, carne se queda.

387 "El plano de santidad que nos pide el Señor está determinado por estos tres puntos: La santa intransigencia, la santa coacción y la santa desvergüenza.

398 "Una cosa es la santa desvergüenza y otra la frescura laica.

391 "Si tienes la Santa desvergüenza ¿Qué te importa el "qué dirán o el qué habrán dicho"?


Entre los slogans que lanzaba Escrivá y que se han hecho clásicos en la Obra en relación a lo apolíneo, se encuentra el recogido por Le Tourneau que invoca "¡Libérate de la fealdad del alma y del cuerpo!" (92) El fundador del Opus estimaba que para una persona normalmente constituida "el tema del sexo ocupa un cuarto o quinto lugar" y añadía "acostumbraos también a plantear la lucha en puntos que están lejos de los muros capitales de la fortaleza". (93)

En la homilía de Navidad de 1970 precisaba: "La castidad- no simple continencia, sino afirmación decidida de una voluntad enamorada -es una virtud que mantiene la juventud del amor en cualquier estado de vida". A veces en la soledad de su reflexión pensaba en voz alta: "pasó el tiempo, y sucedieron cosas duras, tremendas, que no os digo porque a mí no me causan pena, pero a vosotros sí que os entristecerían". (94)

El Marqués de Valdeiglesias al hablar del Opus Dei se cuestionaba "¿Persigue fines puramente ultraterrenos o específicamente humanos? ¿No estará, quizá, en la mezcla de ambas cosas lo nefando?" (95)

Durante un periplo por tierras hispanoamericanas su biógrafo nos cuenta la anécdota que sucedió un día de 1974 en Brasil (96) cuando "hacía trece años que Rafael Llano no le veía. El fundador del Opus Dei respondió a su saludo con la melodía italiana Tímida é la bocca tua que solía entonarle amablemente en Roma, mucho tiempo atrás, haciendo alusión a las dimensiones no pequeñas de la boca de Rafael y de sus hermanos, casi todos socios de la Obra. Por la tarde le comentaría: Recuerdo que una vez había mucha gente. Vi a uno y le dije: Tú eres fulanito. Y me contestó: Sí ¿en qué me conoce? ¡En la boquita! ¿Te acuerdas?"

Braulia, la hermana pequeña de María Ignacia García Escobar, contempla al Fundador de la Obra en 1931 "rodeado siempre de chicos jóvenes". (97) Al Padre le gustaba repetir: "He hablado de mis veinticinco años. Yo tenía barruntos de lo que quería el Señor. Hasta los 26 no lo supe. Quería esta locura, esta locura de cariño, de unión, de amor..." (98) Su pasión era famosa entre sus íntimos.

Entre las intimidades más silenciadas de Escrivá se encuentra su afecto muy especial por Isidoro Zorzano al que profesaba un amor profundo en todos los sentidos. Isidoro Zorzano había sido compañero suyo en el Instituto de Logroño en su pubertad. La simpatía era mutua y recíproca. Cuando Escrivá se desplaza a Zaragoza deja de frecuentarle, aunque mantiene algún contacto epistolar. "Deseaba hacerle del Opus recién nacido. Y un 24 de agosto de 1930, lo encontró, en Madrid. Isidoro trabajaba en Málaga como ingeniero de ferrocarriles, había venido dispuesto a hablar con él de sus inquietudes espirituales..." (99) Zorzano era íntimo de Escrivá tanto que "durante algún tiempo fue activamente promovido como candidato a la canonización, aunque su causa ha sido silenciosamente abandonada, (100) aunque no hay prácticamente en España nadie que sepa alguna cosa sobre Isidoro Zorzano". (101)

La biografía sucinta de este muchacho soltero Isidoro Zorzano nos llega a través de Florentino Pérez Embid que nos ilustra que era de familia argentina -había nacido en Buenos Aires el 13 de septiembre de 1902 - que "había de ser uno de los primeros discípulos del Padre cuando éste fundara su Obra y que debió compartir sus aspiraciones adolescentes". (102) Por un tiempo fue director de la Residencia de Ferraz, permaneciendo durante toda la guerra española en Madrid como ingeniero en las oficinas centrales de la RENFE, muriendo en 1943, de la denominada enfermedad de Hodgkins. Escrivá se apresuró a abrir poco tiempo después de su muerte el proceso para su beatificación, aunque el tiempo hizo pronto olvidar el amor. "¿Hizo en su vida algo importante ese hombre? (103) Murió joven, sin tiempo apenas para realizar ninguna tarea especialmente notable... fue sobre todo, compañero de Escrivá".

El epílogo de su vida lo pone Fisac que nos cuenta que "cuando Isidoro Zorzano tuvo que hospitalizarse, debido a una penosa enfermedad ganglionar, yo iba todos los domingos a hacerle compañía y me resultaba gratificante poder hablar con él de mi deseo de salir de la Obra, del malestar que me ocasionaban los escrúpulos de mis problemas sexuales, que él comprendía; cuando murió Isidoro, el Padre Escrivá reaccionó de una manera muy extraña, como con miedo, y dejó que Eduardo Alastrue y yo le amortajáramos sin intervenir para nada". (104) Aquí resaltaremos la necrofobia de Escrivá que nunca asiste a entierros, ni reza por los difuntos, ni acostumbra a ir a funerales, posiblemente porque un miembro muerto ya carece para él de todo interés.

Tal era su grado de obsesión que "Escrivá llegó a escribir que los numerarios ejecutivos no deberían tener secretarias, sino secretarios", (105) pues un gran tema de la vida de esos numerarios lo constituye el voto de castidad en su doble aspecto de represión sexual y afectiva... Pocos asuntos han merecido tal cantidad de notas y avisos de Roma. Desde las fórmulas para que los miembros de las secciones masculina y femenina no se traten, con la doble cerradura en los edificios y el teléfono interior para la conversación que "debe ceñirse a las necesidades de la administración", hasta la casuística sobre cómo no aceptar estar solo en una habitación con personas de otro sexo, ni comer con ellas, ni mucho menos pasear o viajar con ellas. (106) La hipótesis de Escrivá era tratar de negar la existencia del otro sexo.

Cuando en 1946 Escrivá se instala en Roma encontró en Alvaro del Portillo -hoy sucesor, Prelado del Opus Dei y Obispo - "un colaborador y un cómplice en todo momento. Sinuoso y adaptable... sus relaciones con Escrivá fueron muy estrechas.

Hasta se puede decir que Alvaro del Portillo camina sobre las pisadas de Escrivá". (107)

Cómo gustaba a Escrivá enfatizar: "¡Pues sí! ¡Nos queremos! Sí, señor. ¡Nos queremos y es el mejor piropo que nos pueden decir! O de forma más castiza cuando insistía que "los pecados del hombre se resumen en un palmo. El palmo que va del bolsillo a la bragueta". (108)

Es fama, por ejemplo, que no se ve en el Instituto con buenos ojos el ingreso de personas notoriamente feas (109) y que en los oratorios e Iglesias del Opus Dei no faltan nunca representaciones pictóricas y escultóricas de los ángeles y arcángeles, jóvenes bellísimos que aparecen triunfantes dando muerte con su espada a hombrones sudorosos y carnales en cuyos ojos brilla el fuego de la concupiscencia. (110) Eros, lascivos, seductores.

Ah, un detalle: Escrivá en cierta correspondencia firmaba como "Mariano".



REFERENCIAS                                                   

73. Bernal, p 65.
74. Ibid, p 90.
75. Walsh, p 26
76. Bernal, p 26.
77. Ibid, p 62.
78. Moreno, "La otra cara del Opus Dei", p 98.
79. Ibid, p 30.
80. Moncada, "Historia oral del Opus Dei", p 141.
81. Ibid, p 141.
82. Magaña, pp 16-17.
83. Carandell, op cit.
84. Thierry, Jean Jacques, "L' Opus Dei, mythe et realité", pp 20-21.
85. Walsh, p 39.
86. Gracia, "En el nombre del padre", p 9.
87. Ibid, p 12.
88. Ibid, p 15.
89. Ibid, p 17.
90. Ibid, pp 28, 31, 34.
91. Ibid, pp 204-209.
92. Le Tourneau, p 57.
93. Ibid, p 143.
94. Bernal, p 60.
95. Poncela, p 205.
96. Bernal, p 155.
97. Ibid, p 169.
98. Ibid, p 170.
99. Ibid, p 145.
100. Walsh, p 43.
101. Le Vaillant, p 15.
102. Carandell, p 145.
103. Ynfante, "La prodigiosa aventura del Opus Dei", p 130.
104. Moncada, "Historia oral del Opus Dei", p 145.
105. Ibid, p 158.
106. Ibid, p 157.
107. Le Vaillant, pp 57-58.
108. Carandell, p 100.
109. Ibid, p 56.
110. Ibid.


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