CAPITULO II


LA VIDA OCULTA DE ESCRIVA DE BALAGUER


8. HOMBRE SIN NOMBRE, DELIRIOS DE GRANDEZA


Lo primero que llama la atención a cualquier persona que se detenga a meditar sobre la figura de Escrivá, por extraño que parezca, es el problema de su nombre de pila y de las mutaciones sufridas a lo largo de la vida de este personaje, de sus apellidos de origen.

La primera sorpresa es que no existe partida de nacimiento en el registro civil correspondiente, aunque sí queda constancia escrita como fuente documental de su partida de bautismo que se conserva en el registro de la catedral de Barbastro en la que consta:

"En Barbastro, a trece de enero de 1902, don Angel Malo, regente de la Vicaría Catedral, bautizó solemnemente a un niño nacido a las veinte y dos del día nueve, hijo legítimo de don José Escriba, natural de Fonz y de Doña Dolores Albás, natural de Barbastro, cónyuges, vecinos y del comercio de esta ciudad. Abuelos paternos, don José de Peralta de la Sal difunto y doña Constancia Corzán, de Fonz; maternos, don Pascual, difunto y doña Florencia Blanc, de Barbastro. Se le puso por nombre José María Julián Mariano, siendo padrinos don Mariano Albás y doña Florencia Albás, tíos del bautizado, siendo aquel y ésta casados, vecinos de Huesca y representada en virtud de poderes por doña Florencia Blanc, a quienes hice la advertencia del Ritual".

En el expediente de los estudios que cursó en el Instituto de enseñanza media de Logroño de 1915 a 1918, figura en el encabezamiento de su matrícula, en los impresos oficiales, su nombre de José María Escriba, que era tanto el de su documentación personal como el de su partida de bautismo, aunque por aquella época ya firmaba como "Escrivá", había optado de forma caprichosa en cambiar la B por la V y había puesto el acento enfático en la última letra, aunque su apellido de familia era con B y sin acento alguno, conociéndose a sus progenitores en Barbastro por la "familia Escriba".

El 16 de junio de 1940 aparecía un edicto publicado en el Boletín Oficial del Estado, insertado por el Juzgado número 9 de los de Madrid para que a los hermanos Carmen, José María y Santiago Escrivá y Albás "se les autorice para modificar su primer apellido en el sentido de apellidarse Escrivá de Balaguer que, según se expresa en el escrito inicial, es el nombre que individualiza a la familia" siendo la justificación que se da para ello "ya que por ser corriente en Levante y Cataluña el apellido Escrivá, dando lugar a confusiones molestas y perjudiciales, se unió al apellido el lugar de origen de esta rama de la familia, la que es conocida por todos como Escrivá de Balaguer", aunque en el expediente de cambio de apellidos no se aportara ninguna certificación procedente de Barbastro ni de ningún otro pueblo o ciudad de Aragón.

Como se ve el argumento que se da en la solicitud, de que el apellido Escrivá es corriente en Levante y Cataluña y por ello "puede dar lugar a confusiones molestas perjudiciales" es ya de por sí revelador de un evidente deseo de distinguirse en quien como el padre Escrivá "no es ni catalán ni valenciano, sino aragonés y en esa época, es decir, a principios de los años cuarenta, tenía establecida su residencia en Madrid". (177) ¿Qué confusiones no habrían de molestar y perjudicar entonces a los millones de españoles que llevan apellidos corrientes en la propia región y ciudad en que viven?

Los paisanos de la familia Escriba se sorprendieron al tener conocimiento del hecho, pues la adición "de Balaguer" era inédita, sin raíces ni tradición, de la que por entonces no se tenía la menor noticia, por lo que se opinó que "se la había sacado de la manga" (178) pues en el pueblo a aquella modesta familia se la conocía por "los Escriba" o por la "tienda de Escriba", sin más gentilicios ni aditivos. El padre de José María, que murió como un modesto dependiente de una tienda de tejidos en 1922, no podría ni imaginar que ya difunto y transcurridos muchos años desde su óbito iba a ser rebautizado con un "de Balaguer" que no aparece en documento genealógico alguno hasta que lo solicita ilusoriamente su hijo José María en 1940, quizá por la sencilla razón de que sus apellidos familiares la resultaban vulgares y excesivamente semíticos, o tal vez porque quisiera aparentar reforzando y ennobleciendo su apellido original para en un futuro con tal maquinación poder optar a algún título nobiliario.

El Ministerio de Justicia, por orden del 18 de octubre de 1940, autorizaba al sacerdote José María Escrivá y a su hermana soltera Carmen "para adicionar a su primer apellido el de Balaguer, formando el compuesto Escrivá de Balaguer que usarán como uno solo y primero, conservando como segundo el que tiene en la actualidad" diciéndose en la autorización que "teniendo en cuenta que el apellido Balaguer no corresponde a los peticionarios, es indudable que debe ser incluido en la categoría de los gentilicios, constituyendo esta forma de adición de los apellidos uno de los modos más importantes de formarse estos en castellano, que por la importancia de la población de la cual procede la gens no existe peligro de que los solicitantes se introduzcan subrepticiamente en otra familia a la cual corresponde legítimamente el apellido".

Cuando escribe y se publica la primera edición de Camino aún va firmada como José María Escrivá a secas. En posteriores ediciones ya se adulteraría la forma del nombre que de dos palabras la fusionaría en una: "Josemaría" y desdoblaría el apellido "Escrivá de Balaguer".

En síntesis, podemos resumir que las operaciones de cambio, mutación, transformación y maquillado de los nombres y apellidos de José María Escrivá de Balaguer son los siguientes cronológicamente:

1902 José María Escriba (Con B de Barcelona y sin acento, como figura en la partida de Bautismo y en su expediente académico del Instituto de Logroño)

1915 José María Escrivá (Con V de Valencia y con acento)

1934 Jose María Escrivá de Balaguer.

1960 Josemaría Escrivá de Balaguer (Josemaría en una sola palabra).

1964 Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás.

1968 Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás, marqués de Peralta.

La concesión del título que ostentó a partir de 1968 se vió rodeada de múltiples anomalías e irregularidades, como por ejemplo que a la Diputación de la Nobleza se la ocultó fraudulentamente en 1968 la manipulación sufrida por el apellido "Escriba", circunstancia que no aparece en el expediente de solicitud de rehabilitación del título de "marqués de Peralta, pedido por José María Escrivá de Balaguer y Albás", así como a los consejeros de Estado que intervinieron en la tramitación del título se les advirtió uno a uno con gran apremio que tenían que resolverlo pronto y bien, pues a los pocos días debían cesar el Ministro de Justicia Oriol y el subsecretario Alfredo López, los dos miembros del Opus Dei.

El título de marqués, como dignidad personal e intransferible, fue concedido el 12 de febrero de 1718 por el archiduque Carlos de Austria a don Tomás de Peralta. En ningún documento figura que se le otorgara el "marquesado de Peralta", sino simple y llanamente el título de Marqués, por lo que el solicitante José María Escrivá de Balaguer pedía su rehabilitación "eligiendo en la gracia ahora interesada la denominación de marqués de Peralta". Originariamente nunca existió un título con la denominación de "Marqués de Peralta", pues el Archiduque lo que concedió fue la "dignidad de marqués" como dignidad personal y directísima concedida a una persona particular en concreto, a don Tomás de Peralta, ni tampoco ningún hijo ni heredero legítimo de don Tomás reivindicó un título inexistente, por no tener la dignidad conferida - convalidación de derecho sucesorio - no existió reclamación alguna al mismo.

Don Tomás de Peralta, secretario de Estado, de Guerra y Justicia del reino de Nápoles en 1718, fue uno de los fieles al Archiduque Carlos que se enfrentó al primer Borbón de la dinastía en la guerra de Sucesión. Los expedientes de los títulos concedidos en España por el Archiduque Carlos de Austria, están todos en Viena "sin que pueda encontrarse en España ninguna referencia ni estudio sobre tales títulos". (179)

La resolución de la Subsecretaría por la que se anuncia haber sido solicitada por don José María Escrivá de Balaguer y Albás la rehabilitación del título de Marqués, con la denominación de Marqués de Peralta, lleva fecha de 24 de enero de 1968 y fue publicada en el B.O.E del día 25 y va firmada por el subsecretario Alfredo López, miembro del Opus Dei. A continuación en el mismo Boletín Oficial se inserta la resolución por la que la misma Subsecretaría anuncia la solicitud del hermano de José María, Santiago Escrivá de Balaguer, solicitaba la rehabilitación del título de Barón de San Felipe concedido a D. Francisco Castillón el 23 de mayo de 1728. En este último caso la trama no prosperó.

El Decreto 1851/68, del veinticuatro de julio, accediendo a la solicitud se publicó en el B. O. E. número 186 del 3 de agosto de 1968, en los primeros días del mes en que la mayor parte de los españoles comenzaban a disfrutar de sus vacaciones estivales, fecha elegida para que pasara más desapercibido el "escándalo" del marquesado de Peralta a favor de persona sin legitimidad de origen ni de ejercicio alguno sobre un título imaginario, de pura fantasía e inexistente.

Puede calcularse que " la compra del título", sin respaldo ni garantía de legitimidad de "operación político-nobiliaria del fundador del Opus Dei, costó - a valores de la época - la fuerte suma de un cuarto de millón de pesetas. A la rehabilitación de un título de marqués sin grandeza que costaba 175.000 ptas., hay que añadir gastos adicionales como actas notariales, certificaciones, etc... En España 250.000 pesetas eran en esta época una suma de dinero considerable, aunque ese capricho de Escrivá sea una bagatela para la Obra de Dios". (180) Máxime cuando Escrivá no era hombre de alcurnia, ni gran señor, ni noble, ni protector de la justicia. (181)

El periodista Luis Carandell se pregunta: "¿Cuál es la razón que pueda justificar el hecho de que monseñor Escrivá de Balaguer, sacerdote y fundador de un Instituto que persigue la santificación de sus miembros y del mundo, solicitara un título nobiliario? ¿Se hallaba ya en el ánimo del joven seminarista cesaraugustano, que usaba calcetines de seda y llevaba el bonete ladeado, ver algún día su nombre inscrito en la Guía de la Nobleza? ¿Había surgido esta idea tardíamente en el sacerdote que bajaba las escaleras mejor bajadas del mundo?". (182)

El articulista Juan Gomis, al tener conocimiento de la noticia por el Boletín Oficial donde se insertó la autorización del marquesado, escribió en la revista El Ciervo una nota titulada ¿Qué es esto, monseñor? en la que decía "¿Qué es esto? ¿Cómo es posible que un cura aspire a estos honores? Si el Opus Dei encuentra críticas y recelos en amplios sectores y es acusado de clasista ¿se rehabilitará a base de que su fundador y cabeza rehabilite título marquesal? No, no es posible. Uno creería que la noticia es una inocentada, obra de algún periodista zumbón y poco amigo del Opus y del autor de Camino. Pero no se trata del dia de los inocentes. Es verdad, si, es verdad".

Para Daniel Artigues (183) son innumerables las conjeturas que se hacen sobre la significación de tan extraña y costosa fantasía nobiliaria. Se ha pretendido que la diligencia en cuestión descubría en el Padre Escrivá lejanas pretensiones respecto a la Orden de Malta; quizá se trate únicamente de que el fundador tenga un punto más en común con Ignacio de Loyola que, como era sabio, era de extracción noble.

El título estaba, no podía ser de otra manera, vacante. "Escrivá aportaría poco más de un millón de francos antiguos para recuperarlo, pero a condición de que sus derechos fuesen reconocidos. Se pretende también que tres ministros han intervenido personalmente para facilitar y acelerar el procedimiento mientras que muchos españoles, ciegos o maliciosos, se preguntan qué diablo se pudo introducir en la cabeza de Escrivá para obligarlo a solicitar con tanto ahinco ese marquesado. No hay nadie que no haya percibido la enormidad de este paso viniendo de un hombre que ha hecho votos de pobreza, castidad y obediencia, y que predica estas virtudes desde 1928. Pero lo que menos se comprende es que no haya entre sus íntimos alguno que tratara de persuadirlo de que se ahorrara esta incongruencia. En definitiva, el título de nobleza que había codiciado, se le ha concedido. He aquí el Asno de Dios convertido, bajo las rechiflas, en Marqués de Peralta". (184)

Por su parte Camilo José Cela, el reciente nobel de Literatura, apostillaba: "Escrivá de Balaguer. Eso de que ese señor quiera ser marqués es un cachondeo. Los frailes no son marqueses ni condes. A nadie se le ocurre poner en una esquela: su director espiritual, el marqués de Tal... Eso no es serio créame: la gente se ha reído mucho con eso del marquesado..." (185) Más que para reír es para llorar, aunque las lágrimas puedan saltar de las dos formas, riendo o gimiendo.

Quizá por ello "los escribas de Escrivá pasan verdaderos problemas al tratar de explicar - sin éxito entre la gente de razón - como está esto de que el creador de la Santa Mafia fue hombre de corazón humilde, cuando existe el hecho de que reclamó el título de Marqués de Peralta. (186) Infulas nobiliarias de tal índole, resultan insólitas en un sacerdote todo humildad a quien se supone a los 66 años de edad, desligado de vanidades terrenas".

Con sus delirios de grandeza le vemos el 13 de mayo de 1967 entrevistándose personalmente con Juan de Borbón y Battenberg para tratar, como intermediario y componedor, de la sucesión de Juan Carlos al Caudillo Franco, en una trama de intrigas y dobles juegos llevada por el Padre y sus acólitos del Opus Dei.

Su "santa desvergüenza" le llevaba a decir "en una de las Crónicas, revista interna del año 76 creo, decía textualmente: Yo que desciendo de una princesa de Aragón..." (187) Claro que Escrivá dice (188) "que su pasión por la libertad le viene del octavo de sangre francesa que corre por sus venas de su abuelo M. Blanc" y remata "me llamo Escriba y escribo" (189) Quizá los renglones torcidos de Dios.


REFERENCIAS                                                   

177. Carandell, p 79.
178. Ibid, p 80.
179. Ibid, p 61.
180. Ynfante, "La prodigiosa aventura del Opus Dei", p 32.
181. Carandell, p 64.
182. Ynfante, "La prodigiosa aventura del Opus Dei", p 3.
183. Artigues, p 43.
184. Le Vaillant, pp 56-57.
185. Jardiel Poncela, p 65.
186. Magaña, p 17.
187. Moncada, "Historia oral del Opus Dei", p 127.
188. Thierry, p 23.
189. Le Tourneau, p 125.


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