CAPITULO II


LA VIDA OCULTA DE ESCRIVA DE BALAGUER


9. MASONERIA


Se sabe que en el amanecer de su aventura Escrivá estuvo fascinado por dos organizaciones famosas: la Compañía de Jesús y la Masonería.

El Opus se ha dado una organización militar y fuertemente jerarquizada, piramidal. Al contrario de la tendencia general de las órdenes religiosas que evolucionan hacia la descentralización, aquí hay concentración de poderes a todos los niveles, local, regional, etc. y todo converge hacia arriba.

La masonería le fascinó. Cuando se estudia de cerca la masonería es curioso descubrir paso a paso el paralelismo flagrante con el Opus Dei. Es como una copia. (190) Todo se parece: el reclutamiento por proselitismo, la iniciación, los diversos grados de afiliación, el avance progresivo pero lento en la posesión del "secreto", el comportamiento entre los miembros y con los profanos, la técnica de penetración en todos los círculos, pero principalmente entre los intelectuales y entre los burgueses, el papel inferior concedido a las mujeres, la creación y satelización de organismos paralelos, etc.

No es extraño que "poco después de que abriera la academia DYA, don José María empezó a encontrar oposición a veces en sectores de la Iglesia". (191) Claro que Escrivá no se recataba de decir en privado y en insinuar en público que la Iglesia estaba entrando en una peligrosa vía "llegando a confiar a alguno de sus hijos que él pensaba que el mismo diablo se había instalado en la cabeza de la Iglesia". (192) Pero "sobre este aparente desorden cada uno tiene que aprender a construir su propio orden", (193) en frase que recoge el biógrafo oficial y adulador Salvador Bernal, que traducida al lenguaje masónico es la divisa de los grados 33 de la masonería, al areópago más elevado de esta secta secreta que tienen como lema "Ordo al Chao", que es el mismo mensaje lanzado por Escrivá de Balaguer.

Haciendo memoria de su pasado, en una predicación el 2 de octubre de 1962 decía: "tenía yo 26 años, la gracia de Dios (se atribuía en vida una gracia reservada a los santos de la Iglesia) y buen humor. Nada más. Algunos decían que yo estaba loco y que era un hereje". (194) Lo cierto es que cuenta Fisac del centro de Ferraz 50 que "aquello tenía un aire tan diferente que incluso llegó a inquietarle a un chico católico, de corte tradicional, cuando visitó la casa por primera vez. El comentó después: "cuando vi aquel ambiente me alarmé". (195)

Fue un jesuita, el padre Valentín Sánchez, el primer confesor de Escrivá, que acabó enfadándose con él y rompió las amistades con su confesor, porque tras haber sido un defensor de la Obra "cayó también en la tentación de sospechar del Opus". También el primer jesuita que tuvo roce con Escrivá, el sacerdote Carrillo de Albornoz, abandonó el catolicismo posteriormente y se hizo pastor protestante. (196) De igual modo, el cardenal Villot, por ejemplo, desconfiaba de los miembros del Opus Dei que se habían infiltrado en la Curia sin que se conociesen sus nombres. Villot pidió, sin conseguirlo, a Escrivá que le dijera la identidad de dichos miembros.

A fines de agosto de 1939 - según la revista 30 días, del movimiento católico Comunión y Liberación muy cerca al Vaticano y en muchas ocasiones inspirada por el teólogo Joseph Ratzinger (197) - "el  Opus Dei había abierto un oratorio anexo a la residencia de la calle Jenner de Madrid. En torno a este oratorio comenzaron a circular voces extrañas. Se decía que estaba adornado con signos cabalísticos y masónicos". Además, "La sociedad de Cooperación Intelectual - SOCOIN - una iniciativa vinculada a la Obra, fue señalada como una derivación masónica de una organización judía internacional. En la época en que sucedían estos hechos, un profesor de Derecho Internacional afirmó que había encontrado en un diccionario hebreo el verdadero significado de la sigla SOCOIN, que correspondía según el profesor, al nombre de una secta hebraica de asesinos.

El año 1939 fue el año de la terminación, con la victoria de las fuerzas nacionales, de la Guerra de Liberación. Un ambiente de fervor religioso inundó la vida social y espiritual española. La Iglesia detentó un papel de extraordinaria importancia en la reconstrucción moral de la nueva España y los sacerdotes eran tratados con respecto, alta estima y gran consideración. En 1940 se creó un tribunal especial para la represión de la Masonería y el Comunismo, por considerar que ambas actividades eran enemigas de Dios y de la Patria. En 1941 Escrivá comparecería ante dicho tribunal acusado de "haber sido suspendido a divinis, de ser protagonista de oscuras tramas para alcanzar la cima del poder, de hereje y antipatriota".

El tribunal inició la apertura de las diligencias al sospechar con fundamento e indicios racionales que "bajo el nombre de Opus Dei se escondía una rama judaica de la masonería". Escrivá viendo que su procesamiento seguía adelante tuvo que recurrir a maniobras e influencias de múltiples agentes del interior y del exterior para echar tierra sobre el asunto y que se paralizaran las investigaciones emprendidas. También en Barcelona se denunciaron las actividades masónicas del Opus y la falsedad del comportamiento de Escrivá y fue "el nuncio Cicognani quien advirtió al fundador del Opus Dei que no se acercara a Barcelona, porque corría el riesgo de ser arrestado. Fue un embajador amigo de Escrivá quien le avisó que corría incluso peligro de muerte". (198) Su billete de avión iba a nombre de José María E. de Balaguer - pues se le conocía como padre Escrivá - y no se hospedaba en los hoteles para eludir la acción policial. Era gobernador de Barcelona Correa Veglison.

Es un episodio elocuente de cómo un sacerdote, el padre Escrivá caso único en la actuación de Tribunal especial para la represión de la Masonería, fuese formalmente acusado y se abriesen diligencias en ese sentido, cosa insólita e inaudita en los años de la postguerra. En una época vocacional, donde miles de sacerdotes y autoridades eclesiásticas ejercían su ministerio pastoral, un sacerdote comparecía ante un tribunal muy especial en función del ámbito de las materias de su competencia.

Las denuncias se suscitaron tanto en Madrid como en Barcelona. En la capital de España "iba alcanzando su punto de máxima gravedad que tachaba a los socios de la Obra de "masones". (199) Pero las denuncias no se suscitaban sólo ante los tribunales de Justicia. Monseñor Castán, entonces obispo Auxiliar de Tarragona, supo por D. Leopoldo que un día fue una comisión a hablar con él para acusar y denunciar al Opus". (200)

El número uno del Opus Dei en España, Tomás Gutiérrez Calzada, en una entrevista concedida a un seminario de difusión nacional (201) - cosa excepcional pues prefieren el silencio a la comunicación - saliendo al paso de ciertas noticias divulgadas se defendía diciendo que "nos atacan los enemigos de la libertad" y "que también denunciaron entonces a nuestro fundador ante el Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo..."

Y esa fue sin duda no una sorpresa pero sí un indicio racional al ser "una de las primeras acusaciones, hechas ante un tribunal especial, que el Opus Dei constituía una rama judaica de la masonería". (202) Acusación que se zanjó por el General Saliquet presionado por altas instancias del gobierno de la nación, lo que cortó de raíz la posibilidad de ver la luz al final del túnel, como hubiera sido de desear, ante una acusación tan seria y fundada.

Consultado el Cardenal Segura sobre estos acontecimientos, a finales de julio de 1941, confesó estar desconcertado, pues las primeras noticias del Opus, dijo, eran confusas y alarmantes y procedían incluso de padres de la Compañía de Jesús. "Debería saber más acerca del mismo - proseguía- porque Sevilla era una ciudad universitaria y los estudiantes eran el objetivo preferido del Opus. (203) También había logrado poco en sus investigaciones en Zaragoza, que únicamente sirvieron para demostrar el carácter rigurosamente secreto de la organización. Ninguno de los que había podido consultar sabía nada excepto generalidades. Tenía poca confianza en ella por la buena razón de que estaba adoptando formas de proceder que eran ajenas a la tradición de la Iglesia".

El Opus es reservado, su regla es difícil, si no imposible de conseguir, se tienen sospechas de que es políticamente activo y financieramente alarmante, opera en secreto entre los estudiantes universitarios, no encaja bien con los modelos de trabajo tradicionales de la Iglesia... Se cuenta incluso, que para calmar la obsesión de Escrivá por el secreto, Elijo y Garay guardaba los documentos del Opus Dei en los archivos secretos de la diócesis.

En Barcelona se llegó a rezar en un convento de monjas por la conversión de Escrivá. (204)

Es sabido incluso que "Todos los miembros al entrar en el Opus Dei, reciben un número, que depende de su fecha de ingreso. Escrivá tenía el número uno y los doce siguientes están distribuidos entre los doce primeros "discípulos", y así continúa la serie. Los miembros adoptan con frecuencia la curiosa costumbre, cuando hablan de alguno de ellos, no de llamarse por su nombre, sino por su número... Dicen por ejemplo: "el número 40 dijo; el número 10 hizo..." (205) Los primeros números, por lo tanto, son los más antiguos y los de mayor prestigio.

El Opus ha adquirido de hecho ese aspecto de movimiento político religioso aunque lo niegue, acusación que cada día se está perfilando con más nitidez en Europa y América, donde los testimonios y denuncias son cada vez más numerosos. Aquel nombre del canto del oficio divino de los monjes "Servir al Señor con alabanza", que ya San Benito llamaba Opus Dei, corresponde en la actualidad a una prelatura cuyos miembros se hallan presentes tanto en los negocios como en la política". (206) La masonería, vía Opus, se ha incrustado en la médula de la Iglesia. Es una quinta columna que opera, masónicamente, al servicio de otros intereses que nada tienen que ver con la fe cristiana. El Opus y su fundador son otra cosa.


REFERENCIAS                                                   

190. Le Vaillant, pp 251-252.
191. West, W. J., El Opus Dei, ficción y realidad, p 50.
192. Moncada, Historia oral del Opus Dei, p 26.
193. Bernal, p 116.
194. Ibid, p 103.
195.Moncada, p 90.
196. Diario "El País", (22 mayo 1990)
197. Revista "30 Días", No. 5 (mayo 1990)
198. Ibid.
199. Bernal, p 249.
200. Ibid, p 250
201. Revista "Epoca", No. 74 (agosto 1986).
202. West, p 10.
203.Walsh, p 50.
204. Ibid, p 49.
205. Le Vaillant, p 59.
206. Wast, "Jesuitas, Opus Dei y Cursillos de Cristiandad", p 54.


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