CAPITULO I


LAS SECTAS Y EL OPUS DEI


15. ABANDONAR LA OBRA DE DIOS: EL ACOSO Y DERRIBO DE LOS FUGITIVOS O LA MUERTE CIVIL


La maldición bíblica, en boca del Padre, pesará para aquel de sus miembros que deje de pertenecer a la secta. Escrivá sentenciaba: "El que se sale de la Obra, abandona la barca y se va a la obscuridad". (166)

Los disidentes del Opus son perseguidos, calumniados, y se trata de aislarles para que no puedan contar lo que han visto, y si lo cuentan a pesar de todo, para que nadie les haga caso. (167) Los medios de comunicación, en gran parte manejados o dependientes de Bancos alcanzables por la Obra o con miedo hacia el Opus, no han prestado casi ninguna atención a estos testimonios.

La Obra, dice Alberto Moncada, echa mano de los mejores recursos para retener al rebelde. Es también el momento de abrir la caja de los truenos y sugerir que no perseverar puede llevar a la condenación eterna, (168) amenazando a los cómplices o a los neutrales con la idea de la comisión de un pecado grave.

La salida de la Obra es un fenómeno curioso porque, de pronto, sientes lo poco que importas a unas personas que han sido testigos de años de tus mejores afanes. Eres un expediente para archivo. Se acabó. Y cuantas menos señales de vida des, mejor. Porque constituyes un recordatorio candente de sus fracasos.

De todas formas, la ira divina tiene una genuina vía de expresión en la persecución a la que, en muchas sectas, someten a sus antiguos miembros. Son ya muchas las denuncias publicadas, avaladas por la credibilidad y/o pruebas de sus autores, que sitúan al Opus Dei, a sus hombres, en el eje de campañas de persecución en contra de sus ex-afiliados de cierto peso. (169) De esta forma, desde los infinitos resortes que los obedientes hombres del Opus Dei controlan en la sociedad, se han llegado a arruinar vidas y carreras profesionales de algunos de los tránsfugas de la Obra que han mostrado excesiva locuacidad. Cualquiera que investigue los aledaños del Opus se encuentra siempre con una constante claramente verbalizada: miedo a hablar.

María Angustias Moreno tiene escrito que marcharse de la Obra no es fácil. (170) Si eres y dejas de serlo pasas a ser integrado en el grupo de los absolutamente marginados. Pasas a ser despreciable. De la noche a la mañana se acabó toda relación, todo interés hacia la persona que se va. Los mismos que decían quererle tanto, que proclamaba estar dispuestos a dar su vida por él, que se aprovecharon de sus mejores posibilidades, le ignoran, le olvidan por completo. Ya no les importa lo que pueden necesitar, les tiene sin cuidado cómo vaya a rehacer su vida. Para todo ha dejado de contar, no quieren volver a saber nada, preferirían no cruzarse nunca más con él por la calle. ¡Es una demostración palpable de lo poco que importa la persona!

Los mismos que, tiempo atrás, se hubieran volcado -interesadamente- con uno porque era de la Obra, después le ignoran y evitan porque ya no lo es. "Los que se van es como si hubieran muerto". (171)

Para los del Opus, la salida de la Obra es una deserción sin paliativos, una traición. Un consentimiento y pacto con la tentación diabólica. De donde es lógico deducir que quien sale se va al abismo, se pierde irremisiblemente. Sus esfuerzos de nada sirven ya. Creo -sigue diciendo María Angustias -que de alguna manera sobreentienden que los que se marchan tienen la obligación de condenarse.

Basta dejar el Opus para perder la santidad.

A otra numeraria le presionaban, siendo los consejos que la daban para quitarle de la cabeza la idea de marcharse los siguientes: "El que se va de la Obra traiciona y vende a Jesús", "Nadie que se ha ido de la Obra ha sido feliz", "Te espera el infierno". (172)

La gente encuentra difícil marcharse. Un jesuita colombiano informó incluso de suicidios. (173) Y también Jonh Roche, que dice saber de forma directa de un suicidio en el Opus Dei de Kenia y que ha oído de dos más de mujeres en Londres, una de las cuales se arrojó del cuarto piso de una casa del Opus.

"Cuando te vas te conviertes en una no-persona, y a ningún miembro se le permite ayudarte - dice María del Carmen Tapia -Cuando una persona deja el Opus se encuentra en la calle, financiera, espiritual y psicológicamente". (174)

El padre de Susana Crepi abraza a su hija y la besa en la frente. "Tranquilízate, ahora eres libre", le musita. "Yo sí, papá, pero ellas no", le contesta la joven refiriéndose a las que aún permanecen en la obscuridad del Opus, en la ceguera de la secta. El padre apostilla: (175) "Nosotros, afortunadamente, hemos recuperado a Susana, pero sentimos la necesidad de explicar a la gente qué es el Opus por dentro y por qué resulta tan difícil salirse de la organización. A mi hija la persiguieron durante meses para que regresara. Y la realidad es que en el Opus hay tres categorías de miembros: los amos, los mozos y los perros".

Durante su permanencia en el Opus se les transmite el miedo y la culpabilidad y la supervivencia espiritual del propio miembro fuera, a la intemperie, en el mundo. Su finalidad es que los miembros no tengan la tentación de abandonar el espacio cerrado de la organización, el recinto acotado de la secta. Por eso hacen depender la existencia de sus miembros del grupo, dejándoles en la indigencia, para evitar la tentación del retorno a la normalidad.

Tampoco habría que desechar el propio miedo que, a muchos adeptos, les puede inspirar la propia secta, a la hora de plantearse el abandono.

En la Obra se asegura que todo el que se va es porque ha dejado de vivir unas prácticas de piedad -que ellos llaman "normas del plan de vida" - o porque se han entretenido en problemas personales, egoístas. Otras causas que también aducen son la insinceridad, la lujuria o la soberbia. Con estos argumentos calman y atemperan a los que permaneciendo dentro, pudieran caer en la debilidad de marcharse.

A Covi Carcedo G. Roces cuando se salió de la Obra la dijeron que "iba a desaparecer", que "iban a regar las calles de Oviedo con su sangre", pero manifiesta que todo lo hacen cobardemente, no con la valentía que nace de la honradez y de la verdad, sino con la cobardía que nace de los beneficios". A su salida presentó una querella contra el Opus Dei por estafa. (176)

Intentan meterte el miedo en el cuerpo, explica MRS. "Te repiten que te condenarás, que ellos son la verdad, y que los demás unos traidores". (177) "Son los clásicos argumentos del chantaje moral". (178)

Por lo general los que salen lo hacen traumatizados por la experiencia

Algunos ejemplos nos los aporta Alberto Moncada. Miguel Fiscac, el conocido arquitecto que entró en el Opus en la primera hora, se apartó de él a causa de los conflictos morales que él mismo ha relatado, cuando contrajo matrimonio con Ana María Badell y hoy no quiere saber nada de la Obra de Dios, ni de sus socios. Antonio Pérez, estrella que fue del ascenso temporal del Opus, tuvo que sufrir una de las persecuciones más tenaces cuando se apartó de la Obra en el ejercicio de un doloroso viaje de auto esclarecimiento... María del Carmen Tapia pasó de directora del Opus a reclusa en la misma institución, en una peripecia abracadabrante. Raimundo Panikkar, fue la otra estrella, la intelectual, de ese primer grupo de opusdeístas de la postguerra que se alejó dramáticamente de la institución. Francisco José de Saralegui, cristiano viejo, tuvo casi hasta su misma salida intervención importante en la actividad económica de la Obra... (179) Jesús Ynfante nos amplía que Antonio Pérez Hernández de los Granales fue número uno de su oposición a Letrado del Consejo de Estado, compañero de Amadeo Fuenmayor y hombre brillantísimo para los que le conocieron; había sido ordenado sacerdote e ingresado en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz en 1948. Desempeñaba, además, el cargo de rector de la casa la calle San Justo de Madrid. Un día abandona todo y desaparece con lo que llevaba puesto, es decir, el traje y los zapatos. Localizado en Méjico, se le intenta convencer con resultados negativos. Entonces le obligó el Opus Dei a cambiar de nombre y se comprometió a no volver a España por el resto de sus días. (180)

Por lo general cuando un adepto sale de una secta como el Opus suele presentar el siguiente cuadro psicológico: 1) Depresión; 2) Sensación de soledad; 3) Autovaloración negativa; 4) Complejo de Culpabilidad; 5) Bajo nivel de autonomía adaptativa a la conducta cotidiana 6) Embotamiento de la agudeza mental; 7) Tendencia a caer en estados alterados de conciencia; 8) Fin del complejo elegido; 9) Animadversión hacia la secta por la traumática experiencia vivida; 10) Temor a la secta.

Para rehabilitar a algunos miembros y que vuelvan a la noción de la realidad y de la libertad en muchos casos es necesaria la desprogramación que les regenere y les haga olvidar la amarga pesadilla.



REFERENCIAS                                                   

166. "Area crítica", op cit.
167. Ibid.
168. Moncada, "El Opus Dei: Una interpretación", p 116.
169. Rodríguez, "El poder de las sectas", p 75.
170. Moreno, "El Opus Dei, anexo a una historia", pp 84-85.
171. Ibid, p 87.
172. "A. L. M. N.," membresía del Opus Dei número 1,489,253.
173. Walsh, p 183.
174. Ibid. p 183
175. Revista "Interviú".
176. Roces, Covi Carcedo G., "Tiempo" (21 julio 1986).
177. Diario "El País" (01 mayo 1988).
178. Carandell, op cit, p 30.
179. Moncada, "Historia oral del Opus Dei", p 11.
180. Ynfante, "La prodigiosa aventura del Opus Dei", p 353.
 

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