Carta Encíclica "Fratelli Tutti" de Francisco I

sobre la Fraternidad y la Amistad Social

Reproducción comentada del original

Parte 1


INTRODUCCIÓN (por The M+G+R Foundation)

El principal propósito de esta reproducción de la Carta Encíclica "Fratelli Tutti" es destacar las ausencias en el discurso de Francisco I que demuestran cómo éste relega a Dios a un papel secundario o nulo en su propuesta de "Fraternidad Universal".

Lamentamos que Bergoglio no tenga el don de la simplicidad para expresarse y que el resultado haya sido una Encíclica tan larga, pero su mensaje puede ser resumido en una frase:

Es un llamamiento para llevar al mundo a un estado de unión, justicia, paz y armonía por la vía de dotar al planeado Nuevo Orden Mundial de un sentimiento de hermandad superior y más poderoso que la fe de todas las religiones, incluyendo la Fe Cristiana que dice profesar.

Nuestros comentarios (The M+G+R Foundation) son los destacados en letra itálica y color azul. Aparte de nuestros comentarios y las modificaciones en el formato (2), hemos mantenido inalterado el texto original (1).



CARTA ENCÍCLICA


INTRODUCCIÓN


Resumen de la Introducción:

Francisco nos cuenta que su inspiración para la Encíclica ha sido el amor fraterno predicado por San Francisco de Asís. Con el punto de mira en el diálogo interreligioso, hace referencia a la visita de San Francisco de Asís al Sultán de Egipto, así como a los encuentros del propio Francisco I con un patriarca ortodoxo y un gran imán musulmán. Sin hablar en ningún momento de la paternidad de Dios, se apoya en la imagen de San Francisco como "padre de una sociedad fraterna" y él mismo propone "hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad" y el sueño de "una única humanidad". El título resumido podría ser: "Francisco I se proyecta a sí mismo como padre de una hermandad mundial".


1.  «Fratelli tutti»[1], escribía san Francisco de Asís para dirigirse a todos los hermanos y las hermanas, y proponerles una forma de vida con sabor a Evangelio. De esos consejos quiero destacar uno donde invita a un amor que va más allá de las barreras de la geografía y del espacio. Allí declara feliz a quien ame al otro «tanto a su hermano cuando está lejos de él como cuando está junto a él»[2]. Con estas pocas y sencillas palabras expresó lo esencial de una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite.

2.  Este santo del amor fraterno, de la sencillez y de la alegría, que me inspiró a escribir la encíclica Laudato si’, vuelve a motivarme para dedicar esta nueva encíclica a la fraternidad y a la amistad social. Porque san Francisco, que se sentía hermano del sol, del mar y del viento, se sabía todavía más unido a los que eran de su propia carne. Sembró paz por todas partes y caminó cerca de los pobres, de los abandonados, de los enfermos, de los descartados, de los últimos.

Nuestro comentario:

¿Cuál es el lugar de Dios en esa fraternidad? Hasta el momento no lo ha explicado. Dios está ausente en las importantes primeras palabras de la Encíclica.

¿Es una fraternidad tan "abierta" que está desconectada de la Fe? Eso es lo que parece estar sugiriendo. El resto de la Encíclica lo confirma.

Sin fronteras

3 . Hay un episodio de su vida que nos muestra su corazón sin confines, capaz de ir más allá de las distancias de procedencia, nacionalidad, color o religión. Es su visita al Sultán Malik-el-Kamil, en Egipto, que significó para él un gran esfuerzo debido a su pobreza, a los pocos recursos que tenía, a la distancia y a las diferencias de idioma, cultura y religión. Este viaje, en aquel momento histórico marcado por las cruzadas, mostraba aún más la grandeza del amor tan amplio que quería vivir, deseoso de abrazar a todos. La fidelidad a su Señor era proporcional a su amor a los hermanos y a las hermanas. Sin desconocer las dificultades y peligros, san Francisco fue al encuentro del Sultán con la misma actitud que pedía a sus discípulos: que sin negar su identidad, cuando fueran «entre sarracenos y otros infieles […] no promuevan disputas ni controversias, sino que estén sometidos a toda humana criatura por Dios»[3]. En aquel contexto era un pedido extraordinario. Nos impresiona que ochocientos años atrás Francisco invitara a evitar toda forma de agresión o contienda y también a vivir un humilde y fraterno “sometimiento”, incluso ante quienes no compartían su fe.

4.  Él no hacía la guerra dialéctica imponiendo doctrinas, sino que comunicaba el amor de Dios. Había entendido que «Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios» (1 Jn 4,16). De ese modo [San Francisco de Asís] fue un padre fecundo que despertó el sueño de una sociedad fraterna, porque «sólo el hombre que acepta acercarse a otros seres en su movimiento propio, no para retenerlos en el suyo, sino para ayudarles a ser más ellos mismos, se hace realmente padre»[4]. En aquel mundo plagado de torreones de vigilancia y de murallas protectoras, las ciudades vivían guerras sangrientas entre familias poderosas, al mismo tiempo que crecían las zonas miserables de las periferias excluidas. Allí Francisco acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos. Él ha motivado estas páginas.

Nuestro comentario:

Hasta el momento, Dios no ha aparecido como Padre - una omisión injustificable porque es lógico esperar que los "hermanos" tengan un Padre común. En cambio, algunos seres humanos aparecen como figura paternal.

La cita de San Juan - "Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios" - va en la dirección correcta (Dios es la verdadera fuente del Amor Fraterno), pero en lugar de abrazarla como pieza clave de la Encíclica, se queda en una cita anecdótica.

Continuamente, vamos a ver cómo Francisco excluye conscientemente a Dios del centro de su discurso para que su mensaje sea atractivo incluso para ateos y agnósticos, lo cual nos hace dudar de la propia fe de Francisco [Mt 5:14-16 y Lc 12:8-9].

5.  Las cuestiones relacionadas con la fraternidad y la amistad social han estado siempre entre mis preocupaciones. Durante los últimos años me he referido a ellas reiteradas veces y en diversos lugares. Quise recoger en esta encíclica muchas de esas intervenciones situándolas en un contexto más amplio de reflexión. Además, si en la redacción de la Laudato si’ tuve una fuente de inspiración en mi hermano Bartolomé, el Patriarca ortodoxo que propuso con mucha fuerza el cuidado de la creación, en este caso me sentí especialmente estimulado por el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb, con quien me encontré en Abu Dabi para recordar que Dios «ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos»[5]. No se trató de un mero acto diplomático sino de una reflexión hecha en diálogo y de un compromiso conjunto. Esta encíclica recoge y desarrolla grandes temas planteados en aquel documento que firmamos juntos. También acogí aquí, con mi propio lenguaje, numerosas cartas y documentos con reflexiones que recibí de tantas personas y grupos de todo el mundo.

Nuestro comentario:

Por primera vez, usa una cita donde Dios aparece en el lugar central que se merece: Dios es el Creador y es Dios quien nos "ha llamado a convivir como hermanos", ¡pero todavía no lo llama Padre! ¿Hermanos y hermanas sin Padre?

En el resto de la Encíclica, aunque cita ocasionalmente a Dios, no enfoca el tema como siendo una llamada de Dios, sino sencillamente como una llamada de un líder religioso a la "buena voluntad" independientemente de las religiones.

Es decir, Francisco es presentado, sutilmente, como Padre Santo. Porque, hasta el momento, el ejemplo que ha presentado es el de Francisco de Asís como "padre fecundo que despertó el sueño de una sociedad fraterna" y, precisamente, Bergoglio ha elegido llamarse Francisco.

6.  Las siguientes páginas no pretenden resumir la doctrina sobre el amor fraterno, sino detenerse en su dimensión universal, en su apertura a todos. Entrego esta encíclica social como un humilde aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras. Si bien la escribí desde mis convicciones cristianas, que me alientan y me nutren, he procurado hacerlo de tal manera que la reflexión se abra al diálogo con todas las personas de buena voluntad.

Nuestro comentario:

Está confirmando su concepto de fraternidad: desconectado de Dios y desconectado de la Fe.

La buena voluntad, sin el recurso a la guía del Espíritu Santo de Dios, es estéril y abocada al fracaso, como lo demuestra continuamente la miseria de la historia humana.

7.  Asimismo, cuando estaba redactando esta carta, irrumpió de manera inesperada la pandemia de Covid-19 que dejó al descubierto nuestras falsas seguridades. Más allá de las diversas respuestas que dieron los distintos países, se evidenció la incapacidad de actuar conjuntamente. A pesar de estar hiperconectados, existía una fragmentación que volvía más difícil resolver los problemas que nos afectan a todos. Si alguien cree que sólo se trataba de hacer funcionar mejor lo que ya hacíamos, o que el único mensaje es que debemos mejorar los sistemas y las reglas ya existentes, está negando la realidad.

8.  Anhelo que en esta época que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad. Entre todos: «He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. […] Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos! […] Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos»[6]. Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos.

Nuestro comentario:

Aquí Dios no aparece como inspirador de ese "deseo mundial de hermandad". Entonces, ¿qué diferencia hay con aquellos pueblos que intentaron construir la mítica Torre de Babel? También ellos aspiraban a "una única humanidad".



Capítulo Primero

LAS SOMBRAS DE UN MUNDO CERRADO


Resumen del Capítulo Primero:

Francisco hace un recorrido por las injusticias que azotan el mundo actual. Según su análisis, está implicando, por omisión, que el problema no tiene una raíz espiritual y que la Jerarquía Católica (o la Iglesia en su conjunto) no tiene ninguna responsabilidad en tales injusticias, sino que hay que atribuirlas al individualismo y, mayoritariamente, a cuestiones políticas y económicas, incluyendo:

la desunión política, los "nacionalismos cerrados", el egoísmo de los poderes económicos, un enfoque errado de la globalización, los "poderes económicos transnacionales", algunas ideologías destructivas, la falta de "conciencia histórica", la "colonización cultural", un modo de entender la política basado en la confrontación, la cultura "inmediatista y sin un proyecto común", la "obsesión por reducir los costes laborales", ciertas "reglas económicas", "un modelo económico basado en las ganancias", "determinados intereses, fundamentalmente económicos", la "tentación de hacer una cultura de muros", la "falta de una distribución equitativa de los recursos naturales" y la falta de "pasión compartida por una comunidad de pertenencia y de solidaridad".

Aunque aquí está haciendo un análisis de la situación y todavía no describiendo en detalle la solución, ya está dando a entender que la solución que tiene en mente es un "proyecto de fraternidad", sin apenas mencionar el recurso a Dios y a la Fe Cristiana salvo de forma anecdótica.


9.  Sin pretender realizar un análisis exhaustivo ni poner en consideración todos los aspectos de la realidad que vivimos, propongo sólo estar atentos ante algunas tendencias del mundo actual que desfavorecen el desarrollo de la fraternidad universal.


Sueños que se rompen en pedazos

10.  Durante décadas parecía que el mundo había aprendido de tantas guerras y fracasos y se dirigía lentamente hacia diversas formas de integración. Por ejemplo, avanzó el sueño de una Europa unida, capaz de reconocer raíces comunes y de alegrarse con la diversidad que la habita. Recordemos «la firme convicción de los Padres fundadores de la Unión Europea, los cuales deseaban un futuro basado en la capacidad de trabajar juntos para superar las divisiones, favoreciendo la paz y la comunión entre todos los pueblos del continente»[7]. También tomó fuerza el anhelo de una integración latinoamericana y comenzaron a darse algunos pasos. En otros países y regiones hubo intentos de pacificación y acercamientos que lograron frutos y otros que parecían promisorios.

Nuestro comentario:

La integración (política) no es necesariamente una buena medida de progreso. Desde que la Unión Europea nació como proyecto económico y político, han intentado dotarla de "un alma común", pero cualquiera que viva en la Unión Europea sabe que tal cosa es una ficción que nunca se ha logrado.

Algo que sería un progreso es, por ejemplo, que los cristianos apreciaran realmente el ejemplo de Don Bosco, quien demostró que, en medio de una Italia fragmentada y anti-clerical, uno puede trabajar constructivamente para Dios y para la sociedad sin necesidad de depender de una unidad política.

11.  Pero la historia da muestras de estar volviendo atrás. Se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos. En varios países una idea de la unidad del pueblo y de la nación, penetrada por diversas ideologías, crea nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales. Lo que nos recuerda que «cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. Es el camino. El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día. No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse, y disfrutarlo como si esa situación nos llevara a desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos»[8].

12.  “Abrirse al mundo” es una expresión que hoy ha sido cooptada por la economía y las finanzas. Se refiere exclusivamente a la apertura a los intereses extranjeros o a la libertad de los poderes económicos para invertir sin trabas ni complicaciones en todos los países. Los conflictos locales y el desinterés por el bien común son instrumentalizados por la economía global para imponer un modelo cultural único. Esta cultura unifica al mundo pero divide a las personas y a las naciones, porque «la sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos»[9]. Estamos más solos que nunca en este mundo masificado que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia. Hay más bien mercados, donde las personas cumplen roles de consumidores o de espectadores. El avance de este globalismo favorece normalmente la identidad de los más fuertes que se protegen a sí mismos, pero procura licuar las identidades de las regiones más débiles y pobres, haciéndolas más vulnerables y dependientes. De este modo la política se vuelve cada vez más frágil frente a los poderes económicos transnacionales que aplican el “divide y reinarás”.

Nuestro comentario:

Al plantear que hay que elegir entre un globalismo "malo" ("el avance de este globalismo") y un globalismo "bueno" (que nos haga más "hermanos"), sutilmente está diciendo que el Globalismo es necesario, que tiene que ser, que no puede haber un no-Globalismo. Es un hecho confirmado que Francisco es un apóstol del Globalismo (también llamado Nuevo Orden Mundial). Simplemente, quiere su propia versión.

Estamos hablando de política. ¿Acaso era misión de Jesús decirle al Imperio Romano que debía permanecer unido para "solucionar las injusticias del mundo"? ¿Planeaba Jesús decirle al César que debía dotar de un "alma común" al Imperio? No, sino que fue al revés: Cuando el Imperio empezó a decaer, fue el emperador Constantino quien quiso apropiarse del Cristianismo como "alma" para unir políticamente a un Imperio que se estaba desmembrando. Ahora Francisco está haciendo el papel de Constantino.


El fin de la conciencia histórica

13.  Por eso mismo se alienta también una pérdida del sentido de la historia que disgrega todavía más. Se advierte la penetración cultural de una especie de “deconstruccionismo”, donde la libertad humana pretende construirlo todo desde cero. Deja en pie únicamente la necesidad de consumir sin límites y la acentuación de muchas formas de individualismo sin contenidos. En esta línea se situaba un consejo que di a los jóvenes: «Si una persona les hace una propuesta y les dice que ignoren la historia, que no recojan la experiencia de los mayores, que desprecien todo lo pasado y que sólo miren el futuro que ella les ofrece, ¿no es una forma fácil de atraparlos con su propuesta para que solamente hagan lo que ella les dice? Esa persona los necesita vacíos, desarraigados, desconfiados de todo, para que sólo confíen en sus promesas y se sometan a sus planes. Así funcionan las ideologías de distintos colores, que destruyen —o de-construyen— todo lo que sea diferente y de ese modo pueden reinar sin oposiciones. Para esto necesitan jóvenes que desprecien la historia, que rechacen la riqueza espiritual y humana que se fue transmitiendo a lo largo de las generaciones, que ignoren todo lo que los ha precedido»[10].

14.  Son las nuevas formas de colonización cultural. No nos olvidemos que «los pueblos que enajenan su tradición, y por manía imitativa, violencia impositiva, imperdonable negligencia o apatía, toleran que se les arrebate el alma, pierden, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y, finalmente, su independencia ideológica, económica y política»[11]. Un modo eficaz de licuar la conciencia histórica, el pensamiento crítico, la lucha por la justicia y los caminos de integración es vaciar de sentido o manipular las grandes palabras. ¿Qué significan hoy algunas expresiones como democracia, libertad, justicia, unidad? Han sido manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como instrumento de dominación, como títulos vacíos de contenido que pueden servir para justificar cualquier acción.

Nuestro comentario:

La buena "conciencia histórica" sería recordar que el Cristianismo de los tres primeros siglos tuvo tanto éxito, a pesar de sufrir continuas y graves persecuciones, que demostró que no necesitaba estar unido a un Imperio para prosperar. Desde el momento en que los líderes del Cristianismo se aliaron con el Imperio, fue cuando el Cristianismo empezó su decadencia moral.


Sin un proyecto para todos

15.  La mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores. Hoy en muchos países se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar. Por diversos caminos se niega a otros el derecho a existir y a opinar, y para ello se acude a la estrategia de ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos. No se recoge su parte de verdad, sus valores, y de este modo la sociedad se empobrece y se reduce a la prepotencia del más fuerte. La política ya no es así una discusión sana sobre proyectos a largo plazo para el desarrollo de todos y el bien común, sino sólo recetas inmediatistas de marketing que encuentran en la destrucción del otro el recurso más eficaz. En este juego mezquino de las descalificaciones, el debate es manipulado hacia el estado permanente de cuestionamiento y confrontación.

16.  En esta pugna de intereses que nos enfrenta a todos contra todos, donde vencer pasa a ser sinónimo de destruir, ¿cómo es posible levantar la cabeza para reconocer al vecino o para ponerse al lado del que está caído en el camino? Un proyecto con grandes objetivos para el desarrollo de toda la humanidad hoy suena a delirio. Aumentan las distancias entre nosotros, y la marcha dura y lenta hacia un mundo unido y más justo sufre un nuevo y drástico retroceso.

17.  Cuidar el mundo que nos rodea y contiene es cuidarnos a nosotros mismos. Pero necesitamos constituirnos en un “nosotros” que habita la casa común. Ese cuidado no interesa a los poderes económicos que necesitan un rédito rápido. Frecuentemente las voces que se levantan para la defensa del medio ambiente son acalladas o ridiculizadas, disfrazando de racionalidad lo que son sólo intereses particulares. En esta cultura que estamos gestando, vacía, inmediatista y sin un proyecto común, «es previsible que, ante el agotamiento de algunos recursos, se vaya creando un escenario favorable para nuevas guerras, disfrazadas detrás de nobles reivindicaciones»[12].

Nuestro comentario:

Dios nos ha dado un "proyecto para todos", pero no un proyecto político como el de Bergoglio y sus aliados. El "proyecto" de Dios es la salvación a través del sacrificio de Jesucristo en la Cruz como oportunidad para todo el que quiera acogerse a él. Acoger en la caridad a otros que no comparten la misma Fe no significa diluir tanto nuestra religión (como hace Bergoglio) que los demás lleguen a creer que nuestra Fe no es importante.

El "mundo unido" del que habla Bergoglio es un plan político, el proyecto de Babel. La prueba es que no ubica a Dios en la parte central del plan. El mundo no puede estar verdaderamente unido si no es a través de Dios. "Pongamos a Dios en el centro de nuestras vidas" es lo que un líder cristiano debería estar predicando, porque solo entonces, como "efecto secundario", el mundo estará en paz y armonía (lo cual no significa necesariamente "políticamente unido").


El descarte mundial

18.  Partes de la humanidad parecen sacrificables en beneficio de una selección que favorece a un sector humano digno de vivir sin límites. En el fondo «no se considera ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si son pobres o discapacitadas, si “todavía no son útiles” —como los no nacidos—, o si “ya no sirven” —como los ancianos—. Nos hemos hecho insensibles a cualquier forma de despilfarro, comenzando por el de los alimentos, que es uno de los más vergonzosos»[13].

19.  La falta de hijos, que provoca un envejecimiento de las poblaciones, junto con el abandono de los ancianos a una dolorosa soledad, es un modo sutil de expresar que todo termina con nosotros, que sólo cuentan nuestros intereses individuales. Así, «objeto de descarte no es sólo el alimento o los bienes superfluos, sino con frecuencia los mismos seres humanos»[14]. Vimos lo que sucedió con las personas mayores en algunos lugares del mundo a causa del coronavirus. No tenían que morir así. Pero en realidad algo semejante ya había ocurrido a causa de olas de calor y en otras circunstancias: cruelmente descartados. No advertimos que aislar a los ancianos y abandonarlos a cargo de otros sin un adecuado y cercano acompañamiento de la familia, mutila y empobrece a la misma familia. Además, termina privando a los jóvenes de ese necesario contacto con sus raíces y con una sabiduría que la juventud por sí sola no puede alcanzar.

20.  Este descarte se expresa de múltiples maneras, como en la obsesión por reducir los costos laborales, que no advierte las graves consecuencias que esto ocasiona, porque el desempleo que se produce tiene como efecto directo expandir las fronteras de la pobreza[15]. El descarte, además, asume formas miserables que creíamos superadas, como el racismo, que se esconde y reaparece una y otra vez. Las expresiones de racismo vuelven a avergonzarnos demostrando así que los supuestos avances de la sociedad no son tan reales ni están asegurados para siempre.

21.  Hay reglas económicas que resultaron eficaces para el crecimiento, pero no así para el desarrollo humano integral[16]. Aumentó la riqueza, pero con inequidad, y así lo que ocurre es que «nacen nuevas pobrezas»[17]. Cuando dicen que el mundo moderno redujo la pobreza, lo hacen midiéndola con criterios de otras épocas no comparables con la realidad actual. Porque en otros tiempos, por ejemplo, no tener acceso a la energía eléctrica no era considerado un signo de pobreza ni generaba angustia. La pobreza siempre se analiza y se entiende en el contexto de las posibilidades reales de un momento histórico concreto.

Nuestro comentario:

Mientras, a lo largo de este capítulo, hace un análisis de las injusticias del mundo de nuestro tiempo, sería bueno que Francisco reconociera la gran responsabilidad de la Jerarquía de la Iglesia por haber permitido que lleguemos a esta situación.

Los poderes que Jesús dio a su Iglesia son sobrenaturales y excelentes. Si hubieran sido usados como Dios esperaba, no habríamos llegado a la situación actual. ¿Dónde ha estado la Jerarquía de la Iglesia en los últimos mil setecientos años? Aliada con los poderes temporales del mundo.

La constante referencia de Francisco a "la política injusta" y las "reglas económicas ineficaces" significa que, por omisión, está evadiendo la responsabilidad que la Jerarquía de la Iglesia ha tenido (y tiene) en la historia, atribuyendo la responsabilidad principalmente a los poderes del mundo.


Derechos humanos no suficientemente universales

22.  Muchas veces se percibe que, de hecho, los derechos humanos no son iguales para todos. El respeto de estos derechos «es condición previa para el mismo desarrollo social y económico de un país. Cuando se respeta la dignidad del hombre, y sus derechos son reconocidos y tutelados, florece también la creatividad y el ingenio, y la personalidad humana puede desplegar sus múltiples iniciativas en favor del bien común»[18]. Pero «observando con atención nuestras sociedades contemporáneas, encontramos numerosas contradicciones que nos llevan a preguntarnos si verdaderamente la igual dignidad de todos los seres humanos, proclamada solemnemente hace 70 años, es reconocida, respetada, protegida y promovida en todas las circunstancias. En el mundo de hoy persisten numerosas formas de injusticia, nutridas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en las ganancias, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre. Mientras una parte de la humanidad vive en opulencia, otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados»[19]. ¿Qué dice esto acerca de la igualdad de derechos fundada en la misma dignidad humana?

23.  De modo semejante, la organización de las sociedades en todo el mundo todavía está lejos de reflejar con claridad que las mujeres tienen exactamente la misma dignidad e idénticos derechos que los varones. Se afirma algo con las palabras, pero las decisiones y la realidad gritan otro mensaje. Es un hecho que «doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos»[20].

24.  Reconozcamos igualmente que, «a pesar de que la comunidad internacional ha adoptado diversos acuerdos para poner fin a la esclavitud en todas sus formas, y ha dispuesto varias estrategias para combatir este fenómeno, todavía hay millones de personas —niños, hombres y mujeres de todas las edades— privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud. […] Hoy como ayer, en la raíz de la esclavitud se encuentra una concepción de la persona humana que admite que pueda ser tratada como un objeto. […] La persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, queda privada de la libertad, mercantilizada, reducida a ser propiedad de otro, con la fuerza, el engaño o la constricción física o psicológica; es tratada como un medio y no como un fin». Las redes criminales «utilizan hábilmente las modernas tecnologías informáticas para embaucar a jóvenes y niños en todas las partes del mundo»[21]. La aberración no tiene límites cuando se somete a mujeres, luego forzadas a abortar. Un acto abominable que llega incluso al secuestro con el fin de vender sus órganos. Esto convierte a la trata de personas y a otras formas actuales de esclavitud en un problema mundial que necesita ser tomado en serio por la humanidad en su conjunto, porque «como las organizaciones criminales utilizan redes globales para lograr sus objetivos, la acción para derrotar a este fenómeno requiere un esfuerzo conjunto y también global por parte de los diferentes agentes que conforman la sociedad»[22].

Nuestro comentario:

Sigue describiendo las injusticias de nuestro tiempo. Nos remitimos al comentario anterior.

La "comunidad internacional" (en realidad, los gobernantes) tiene una responsabilidad pero, ¿dónde está el poder de oración de la Iglesia para que Dios conceda la guía espiritual necesaria a los gobernantes (sin importar de qué signo sean) y que así no sucedan esas desgracias? El pueblo de la Iglesia de Cristo no va rezar apropiadamente si no es bien dirigido por la Jerarquía de la Iglesia.


Conflicto y miedo

25.  Guerras, atentados, persecuciones por motivos raciales o religiosos, y tantas afrentas contra la dignidad humana se juzgan de diversas maneras según convengan o no a determinados intereses, fundamentalmente económicos. Lo que es verdad cuando conviene a un poderoso deja de serlo cuando ya no le beneficia. Estas situaciones de violencia van «multiplicándose dolorosamente en muchas regiones del mundo, hasta asumir las formas de la que podría llamar una “tercera guerra mundial en etapas”»[23].

26.  Esto no llama la atención si advertimos la ausencia de horizontes que nos congreguen, porque en toda guerra lo que aparece en ruinas es «el mismo proyecto de fraternidad, inscrito en la vocación de la familia humana», por lo que «cualquier situación de amenaza alimenta la desconfianza y el repliegue»[24]. Así, nuestro mundo avanza en una dicotomía sin sentido con la pretensión de «garantizar la estabilidad y la paz en base a una falsa seguridad sustentada por una mentalidad de miedo y desconfianza»[25].

27.  Paradójicamente, hay miedos ancestrales que no han sido superados por el desarrollo tecnológico; es más, han sabido esconderse y potenciarse detrás de nuevas tecnologías. Aun hoy, detrás de la muralla de la antigua ciudad está el abismo, el territorio de lo desconocido, el desierto. Lo que proceda de allí no es confiable porque no es conocido, no es familiar, no pertenece a la aldea. Es el territorio de lo “bárbaro”, del cual hay que defenderse a costa de lo que sea. Por consiguiente, se crean nuevas barreras para la autopreservación, de manera que deja de existir el mundo y únicamente existe “mi” mundo, hasta el punto de que muchos dejan de ser considerados seres humanos con una dignidad inalienable y pasan a ser sólo “ellos”. Reaparece «la tentación de hacer una cultura de muros, de levantar muros, muros en el corazón, muros en la tierra para evitar este encuentro con otras culturas, con otras personas. Y cualquiera que levante un muro, quien construya un muro, terminará siendo un esclavo dentro de los muros que ha construido, sin horizontes. Porque le falta esta alteridad»[26].

28.  La soledad, los miedos y la inseguridad de tantas personas que se sienten abandonadas por el sistema, hacen que se vaya creando un terreno fértil para las mafias. Porque ellas se afirman presentándose como “protectoras” de los olvidados, muchas veces a través de diversas ayudas, mientras persiguen sus intereses criminales. Hay una pedagogía típicamente mafiosa que, con una falsa mística comunitaria, crea lazos de dependencia y de subordinación de los que es muy difícil liberarse.

Nuestro comentario:

El mayor problema no es cuando las personas se sienten abandonadas por "el sistema". El problema es cuando, por causa de la falta de una correcta Evangelización, se sienten (equivocadamente) abandonados por Dios. Un alma verdaderamente unida a Dios puede prevalecer en paz incluso cuando todo a su alrededor es destrucción. Esa paz es la que se contagia hacia afuera y es capaz de cambiar el entorno y la sociedad (es decir, "el sistema"). Esa Paz es la que tienen que enseñar los verdaderos evangelizadores, no la paz que proviene de la política.


Globalización y progreso sin un rumbo común

29.  Con el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb no ignoramos los avances positivos que se dieron en la ciencia, la tecnología, la medicina, la industria y el bienestar, sobre todo en los países desarrollados. No obstante, «subrayamos que, junto a tales progresos históricos, grandes y valiosos, se constata un deterioro de la ética, que condiciona la acción internacional, y un debilitamiento de los valores espirituales y del sentido de responsabilidad. Todo eso contribuye a que se difunda una sensación general de frustración, de soledad y de desesperación. […] Nacen focos de tensión y se acumulan armas y municiones, en una situación mundial dominada por la incertidumbre, la desilusión y el miedo al futuro y controlada por intereses económicos miopes». También señalamos «las fuertes crisis políticas, la injusticia y la falta de una distribución equitativa de los recursos naturales. […] Con respecto a las crisis que llevan a la muerte a millones de niños, reducidos ya a esqueletos humanos —a causa de la pobreza y del hambre—, reina un silencio internacional inaceptable»[27]. Ante este panorama, si bien nos cautivan muchos avances, no advertimos un rumbo realmente humano.

30.  En el mundo actual los sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan, y el sueño de construir juntos la justicia y la paz parece una utopía de otras épocas. Vemos cómo impera una indiferencia cómoda, fría y globalizada, hija de una profunda desilusión que se esconde detrás del engaño de una ilusión: creer que podemos ser todopoderosos y olvidar que estamos todos en la misma barca. Este desengaño que deja atrás los grandes valores fraternos lleva «a una especie de cinismo. Esta es la tentación que nosotros tenemos delante, si vamos por este camino de la desilusión o de la decepción. […] El aislamiento y la cerrazón en uno mismo o en los propios intereses jamás son el camino para devolver esperanza y obrar una renovación, sino que es la cercanía, la cultura del encuentro. El aislamiento, no; cercanía, sí. Cultura del enfrentamiento, no; cultura del encuentro, sí»[28].

31.  En este mundo que corre sin un rumbo común, se respira una atmósfera donde «la distancia entre la obsesión por el propio bienestar y la felicidad compartida de la humanidad se amplía hasta tal punto que da la impresión de que se está produciendo un verdadero cisma entre el individuo y la comunidad humana. […] Porque una cosa es sentirse obligados a vivir juntos, y otra muy diferente es apreciar la riqueza y la belleza de las semillas de la vida en común que hay que buscar y cultivar juntos»[29]. Avanza la tecnología sin pausa, pero «¡qué bonito sería si al crecimiento de las innovaciones científicas y tecnológicas correspondiera también una equidad y una inclusión social cada vez mayores! ¡Qué bonito sería que a medida que descubrimos nuevos planetas lejanos, volviéramos a descubrir las necesidades del hermano o de la hermana en órbita alrededor de mí!»[30].

Nuestro comentario:

Por primera vez, hace UNA mención a la dimensión espiritual de la situación ("un debilitamiento de los valores espirituales"), lo cual parece apenas una anécdota en medio de un discurso lleno de referencias a causas políticas y económicas.

Al contrario de lo que cree Bergoglio, solo Dios puede traer la verdadera Justicia (y solo la verdadera Justicia traerá verdadera Paz). El hombre, por sí mismo, no puede traer la justicia a la Tierra, así lo ha demostrado durante siglos y siglos, ¿por qué iba a funcionar ahora? Éste es un líder religioso que quiere construir una hermandad universal sin apelar al poder sobrenatural de Dios, apelando en su lugar a la buena voluntad de los hombres.


Las pandemias y otros flagelos de la historia

32.  Es verdad que una tragedia global como la pandemia de Covid-19 despertó durante un tiempo la consciencia de ser una comunidad mundial que navega en una misma barca, donde el mal de uno perjudica a todos. Recordamos que nadie se salva solo, que únicamente es posible salvarse juntos. Por eso dije que «la tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. […] Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa bendita pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos»[31].

33.  El mundo avanzaba de manera implacable hacia una economía que, utilizando los avances tecnológicos, procuraba reducir los “costos humanos”, y algunos pretendían hacernos creer que bastaba la libertad de mercado para que todo estuviera asegurado. Pero el golpe duro e inesperado de esta pandemia fuera de control obligó por la fuerza a volver a pensar en los seres humanos, en todos, más que en el beneficio de algunos. Hoy podemos reconocer que «nos hemos alimentado con sueños de esplendor y grandeza y hemos terminado comiendo distracción, encierro y soledad; nos hemos empachado de conexiones y hemos perdido el sabor de la fraternidad. Hemos buscado el resultado rápido y seguro y nos vemos abrumados por la impaciencia y la ansiedad. Presos de la virtualidad hemos perdido el gusto y el sabor de la realidad»[32]. El dolor, la incertidumbre, el temor y la conciencia de los propios límites que despertó la pandemia, hacen resonar el llamado a repensar nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el sentido de nuestra existencia.

34.  Si todo está conectado, es difícil pensar que este desastre mundial no tenga relación con nuestro modo de enfrentar la realidad, pretendiendo ser señores absolutos de la propia vida y de todo lo que existe. No quiero decir que se trata de una suerte de castigo divino. Tampoco bastaría afirmar que el daño causado a la naturaleza termina cobrándose nuestros atropellos. Es la realidad misma que gime y se rebela. Viene a la mente el célebre verso del poeta Virgilio que evoca las lágrimas de las cosas o de la historia[33].

35.  Pero olvidamos rápidamente las lecciones de la historia, «maestra de vida»[34]. Pasada la crisis sanitaria, la peor reacción sería la de caer aún más en una fiebre consumista y en nuevas formas de autopreservación egoísta. Ojalá que al final ya no estén “los otros”, sino sólo un “nosotros”. Ojalá no se trate de otro episodio severo de la historia del que no hayamos sido capaces de aprender. Ojalá no nos olvidemos de los ancianos que murieron por falta de respiradores, en parte como resultado de sistemas de salud desmantelados año tras año. Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros, para que la humanidad renazca con todos los rostros, todas las manos y todas las voces, más allá de las fronteras que hemos creado.

36.  Si no logramos recuperar la pasión compartida por una comunidad de pertenencia y de solidaridad, a la cual destinar tiempo, esfuerzo y bienes, la ilusión global que nos engaña se caerá ruinosamente y dejará a muchos a merced de la náusea y el vacío. Además, no se debería ignorar ingenuamente que «la obsesión por un estilo de vida consumista, sobre todo cuando sólo unos pocos puedan sostenerlo, sólo podrá provocar violencia y destrucción recíproca»[35]. El “sálvese quien pueda” se traducirá rápidamente en el “todos contra todos”, y eso será peor que una pandemia.

Nuestro comentario:

¿Qué lección nos está enseñando aquí? ¿Por que habla tanto y dice tan poco? Lo que nos ha enseñado la Crisis del Coronavirus no es una lección de solidaridad, sino una consolidación del poder de obediencia a los gobiernos y a los "expertos" oficiales a través de la cultura del miedo - una forma de poder muy oportuna para acelerar el cumplimiento de los planes de un Nuevo Orden Mundial.

Dios está por encima de todo y gobierna el Universo. Si Él ha permitido la enfermedad y la Crisis del Covid-19 no es un castigo, porque Dios no castiga, pero ciertamente debe tener un propósito (o más de uno) al permitirla. La forma de expresarse dejando a Dios al margen - al decir "es la realidad misma que gime y se rebela" y al recurrir como ayuda explicativa al poeta Virgilio antes que a Dios -, revela hasta qué punto Bergoglio separa a Dios de la realidad.


Sin dignidad humana en las fronteras

37.  Tanto desde algunos regímenes políticos populistas como desde planteamientos económicos liberales, se sostiene que hay que evitar a toda costa la llegada de personas migrantes. Al mismo tiempo se argumenta que conviene limitar la ayuda a los países pobres, de modo que toquen fondo y decidan tomar medidas de austeridad. No se advierte que, detrás de estas afirmaciones abstractas difíciles de sostener, hay muchas vidas que se desgarran. Muchos escapan de la guerra, de persecuciones, de catástrofes naturales. Otros, con todo derecho, «buscan oportunidades para ellos y para sus familias. Sueñan con un futuro mejor y desean crear las condiciones para que se haga realidad»[36].

38.  Lamentablemente, otros son «atraídos por la cultura occidental, a veces con expectativas poco realistas que los exponen a grandes desilusiones. Traficantes sin escrúpulos, a menudo vinculados a los cárteles de la droga y de las armas, explotan la situación de debilidad de los inmigrantes, que a lo largo de su viaje con demasiada frecuencia experimentan la violencia, la trata de personas, el abuso psicológico y físico, y sufrimientos indescriptibles»[37]. Los que emigran «tienen que separarse de su propio contexto de origen y con frecuencia viven un desarraigo cultural y religioso. La fractura también concierne a las comunidades de origen, que pierden a los elementos más vigorosos y emprendedores, y a las familias, en particular cuando emigra uno de los padres o ambos, dejando a los hijos en el país de origen»[38]. Por consiguiente, también «hay que reafirmar el derecho a no emigrar, es decir, a tener las condiciones para permanecer en la propia tierra»[39].

39.  Para colmo «en algunos países de llegada, los fenómenos migratorios suscitan alarma y miedo, a menudo fomentados y explotados con fines políticos. Se difunde así una mentalidad xenófoba, de gente cerrada y replegada sobre sí misma».[40]. Los migrantes no son considerados suficientemente dignos para participar en la vida social como cualquier otro, y se olvida que tienen la misma dignidad intrínseca de cualquier persona. Por lo tanto, deben ser «protagonistas de su propio rescate»[41]. Nunca se dirá que no son humanos pero, en la práctica, con las decisiones y el modo de tratarlos, se expresa que se los considera menos valiosos, menos importantes, menos humanos. Es inaceptable que los cristianos compartan esta mentalidad y estas actitudes, haciendo prevalecer a veces ciertas preferencias políticas por encima de hondas convicciones de la propia fe: la inalienable dignidad de cada persona humana más allá de su origen, color o religión, y la ley suprema del amor fraterno.

40.  «Las migraciones constituirán un elemento determinante del futuro del mundo»[42]. Pero hoy están afectadas por una «pérdida de ese “sentido de la responsabilidad fraterna”, sobre el que se basa toda sociedad civil»[43]. Europa, por ejemplo, corre serios riesgos de ir por esa senda. Sin embargo, «inspirándose en su gran patrimonio cultural y religioso, tiene los instrumentos necesarios para defender la centralidad de la persona humana y encontrar un justo equilibrio entre el deber moral de tutelar los derechos de sus ciudadanos, por una parte, y, por otra, el de garantizar la asistencia y la acogida de los emigrantes»[44].

41.  Comprendo que ante las personas migrantes algunos tengan dudas y sientan temores. Lo entiendo como parte del instinto natural de autodefensa. Pero también es verdad que una persona y un pueblo sólo son fecundos si saben integrar creativamente en su interior la apertura a los otros. Invito a ir más allá de esas reacciones primarias, porque «el problema es cuando esas dudas y esos miedos condicionan nuestra forma de pensar y de actuar hasta el punto de convertirnos en seres intolerantes, cerrados y quizás, sin darnos cuenta, incluso racistas. El miedo nos priva así del deseo y de la capacidad de encuentro con el otro»[45].

Nuestro comentario:

El problema no es la inmigración. El problema es la inmigración masiva y desordenada. Pasar por alto esa distinción, como hace Francisco y otros como él, es totalmente contraproducente.

La inmigración masiva y apoyada incondicionalmente (es decir, "de cualquiera manera") fomenta el odio hacia los inmigrantes y lleva a la destrucción política, económica y social de los países anfitriones, que entonces no pueden cuidar ni de los inmigrantes ni de sus propios ciudadanos. La caridad es necesaria, pero ejercida dentro de unos cauces apropiados para que sea eficaz.


La ilusión de la comunicación

42.  Paradójicamente, mientras se desarrollan actitudes cerradas e intolerantes que nos clausuran ante los otros, se acortan o desaparecen las distancias hasta el punto de que deja de existir el derecho a la intimidad. Todo se convierte en una especie de espectáculo que puede ser espiado, vigilado, y la vida se expone a un control constante. En la comunicación digital se quiere mostrar todo y cada individuo se convierte en objeto de miradas que hurgan, desnudan y divulgan, frecuentemente de manera anónima. El respeto al otro se hace pedazos y, de esa manera, al mismo tiempo que lo desplazo, lo ignoro y lo mantengo lejos, sin pudor alguno puedo invadir su vida hasta el extremo.

43.  Por otra parte, los movimientos digitales de odio y destrucción no constituyen —como algunos pretenden hacer creer— una forma adecuada de cuidado grupal, sino meras asociaciones contra un enemigo. En cambio, «los medios de comunicación digitales pueden exponer al riesgo de dependencia, de aislamiento y de progresiva pérdida de contacto con la realidad concreta, obstaculizando el desarrollo de relaciones interpersonales auténticas»[46]. Hacen falta gestos físicos, expresiones del rostro, silencios, lenguaje corporal, y hasta el perfume, el temblor de las manos, el rubor, la transpiración, porque todo eso habla y forma parte de la comunicación humana. Las relaciones digitales, que eximen del laborioso cultivo de una amistad, de una reciprocidad estable, e incluso de un consenso que madura con el tiempo, tienen apariencia de sociabilidad. No construyen verdaderamente un “nosotros” sino que suelen disimular y amplificar el mismo individualismo que se expresa en la xenofobia y en el desprecio de los débiles. La conexión digital no basta para tender puentes, no alcanza para unir a la humanidad.

Nuestro comentario:

En este primer capítulo de la Encíclica, Francisco quiere abarcar con su largo análisis todas las injusticias sociales y aspectos de la degradación social. En este caso, los problemas relacionados con la comunicación digital. Eso está muy bien. El problema es que a la hora de aportar una solución a todos estos problemas no la aborda desde la perspectiva de la Fe Cristiana que dice profesar, con Dios en el centro de todo, sino que su solución para todo es "la fraternidad".


Agresividad sin pudor

44.  Al mismo tiempo que las personas preservan su aislamiento consumista y cómodo, eligen una vinculación constante y febril. Esto favorece la ebullición de formas insólitas de agresividad, de insultos, maltratos, descalificaciones, latigazos verbales hasta destrozar la figura del otro, en un desenfreno que no podría existir en el contacto cuerpo a cuerpo sin que termináramos destruyéndonos entre todos. La agresividad social encuentra en los dispositivos móviles y ordenadores un espacio de ampliación sin igual.

45.  Ello ha permitido que las ideologías pierdan todo pudor. Lo que hasta hace pocos años no podía ser dicho por alguien sin el riesgo de perder el respeto de todo el mundo, hoy puede ser expresado con toda crudeza aun por algunas autoridades políticas y permanecer impune. No cabe ignorar que «en el mundo digital están en juego ingentes intereses económicos, capaces de realizar formas de control tan sutiles como invasivas, creando mecanismos de manipulación de las conciencias y del proceso democrático. El funcionamiento de muchas plataformas [digitales] a menudo acaba por favorecer el encuentro entre personas que piensan del mismo modo, obstaculizando la confrontación entre las diferencias. Estos circuitos cerrados facilitan la difusión de informaciones y noticias falsas, fomentando prejuicios y odios»[47].

46.  Conviene reconocer que los fanatismos que llevan a destruir a otros son protagonizados también por personas religiosas, sin excluir a los cristianos, que «pueden formar parte de redes de violencia verbal a través de internet y de los diversos foros o espacios de intercambio digital. Aun en medios católicos se pueden perder los límites, se suelen naturalizar la difamación y la calumnia, y parece quedar fuera toda ética y respeto por la fama ajena»[48]. ¿Qué se aporta así a la fraternidad que el Padre común nos propone?

Nuestro comentario:

En resumen y sin tantos rodeos: Internet es un espacio donde la inmediatez y la comunicación global hace que los comportamientos destructivos tengan un efecto más rápido y de mayor alcance.

Si la sociedad está espiritualmente y moralmente enferma por culpa de haber fracasado los responsables de la Evangelización, este espacio global (Internet y el mundo hiperconectado a través de los teléfonos personales) hace que la enfermedad sea más visible y con efectos más amplios e inmediatos.

Por primera vez en toda la Encíclica, Dios aparece como el "Padre común" (pero sin ser el centro de la argumentación) - una omisión que ya hemos reclamado desde la Introducción. La estrategia de Bergoglio es evidente: quiere evitar tanto como sea posible razonamientos teológicos que involucren a Dios y a la Fe para no perder el público de otras religiones ni de los agnósticos y ateos (además, no parece que crea mucho en Dios).

El problema es que ha alejado tanto a Dios de su discurso que sus oyentes tienen que preguntarse: ¿Para qué es necesario creer en Dios o en la Fe Cristiana si el propio líder católico plantea solucionar los problemas del mundo desde una perspectiva prácticamente atea?


Información sin sabiduría

47.  La verdadera sabiduría supone el encuentro con la realidad. Pero hoy todo se puede producir, disimular, alterar. Esto hace que el encuentro directo con los límites de la realidad se vuelva intolerable. Como consecuencia, se opera un mecanismo de “selección” y se crea el hábito de separar inmediatamente lo que me gusta de lo que no me gusta, lo atractivo de lo feo. Con la misma lógica se eligen las personas con las que uno decide compartir el mundo. Así las personas o situaciones que herían nuestra sensibilidad o nos provocaban desagrado hoy sencillamente son eliminadas en las redes virtuales, construyendo un círculo virtual que nos aísla del entorno en el que vivimos.

48.  El sentarse a escuchar a otro, característico de un encuentro humano, es un paradigma de actitud receptiva, de quien supera el narcisismo y recibe al otro, le presta atención, lo acoge en el propio círculo. Pero «el mundo de hoy es en su mayoría un mundo sordo. […] A veces la velocidad del mundo moderno, lo frenético nos impide escuchar bien lo que dice otra persona. Y cuando está a la mitad de su diálogo, ya lo interrumpimos y le queremos contestar cuando todavía no terminó de decir. No hay que perder la capacidad de escucha». San Francisco de Asís «escuchó la voz de Dios, escuchó la voz del pobre, escuchó la voz del enfermo, escuchó la voz de la naturaleza. Y todo eso lo transforma en un estilo de vida. Deseo que la semilla de san Francisco crezca en tantos corazones»[49].

49.  Al desaparecer el silencio y la escucha, convirtiendo todo en tecleos y mensajes rápidos y ansiosos, se pone en riesgo esta estructura básica de una sabia comunicación humana. Se crea un nuevo estilo de vida donde uno construye lo que quiere tener delante, excluyendo todo aquello que no se pueda controlar o conocer superficial e instantáneamente. Esta dinámica, por su lógica intrínseca, impide la reflexión serena que podría llevarnos a una sabiduría común.

50.  Podemos buscar juntos la verdad en el diálogo, en la conversación reposada o en la discusión apasionada. Es un camino perseverante, hecho también de silencios y de sufrimientos, capaz de recoger con paciencia la larga experiencia de las personas y de los pueblos. El cúmulo abrumador de información que nos inunda no significa más sabiduría. La sabiduría no se fabrica con búsquedas ansiosas por internet, ni es una sumatoria de información cuya veracidad no está asegurada. De ese modo no se madura en el encuentro con la verdad. Las conversaciones finalmente sólo giran en torno a los últimos datos, son meramente horizontales y acumulativas. Pero no se presta una detenida atención y no se penetra en el corazón de la vida, no se reconoce lo que es esencial para darle un sentido a la existencia. Así, la libertad es una ilusión que nos venden y que se confunde con la libertad de navegar frente a una pantalla. El problema es que un camino de fraternidad, local y universal, sólo puede ser recorrido por espíritus libres y dispuestos a encuentros reales.

Nuestro comentario:

Las sobreabundancia de información y de estímulos impide que las personas cultiven y mantengan una saludable relación con Dios. Eso es lo que Bergoglio debería estar diciendo en pocas palabras en lugar de sobreabundar con tantas divagaciones.

Mantener una relación constante y saludable con Dios es vital porque Dios es la fuente del Amor. El amor fraterno es inspirado por Dios y, sin Su Guía, cualquier fraternidad que uno quiera formar será como la Torre de Babel. La auténtica fraternidad no puede ser entendida sin Dios, por mucho que Francisco insista en mantenerlo al margen.



Sometimientos y autodesprecios

51.  Algunos países exitosos desde el punto de vista económico son presentados como modelos culturales para los países poco desarrollados, en lugar de procurar que cada uno crezca con su estilo propio, para que desarrolle sus capacidades de innovar desde los valores de su cultura. Esta nostalgia superficial y triste, que lleva a copiar y comprar en lugar de crear, da espacio a una autoestima nacional muy baja. En los sectores acomodados de muchos países pobres, y a veces en quienes han logrado salir de la pobreza, se advierte la incapacidad de aceptar características y procesos propios, cayendo en un menosprecio de la propia identidad cultural como si fuera la única causa de los males.

52.  Destrozar la autoestima de alguien es una manera fácil de dominarlo. Detrás de estas tendencias que buscan homogeneizar el mundo, afloran intereses de poder que se benefician del bajo aprecio de sí, al tiempo que, a través de los medios y de las redes se intenta crear una nueva cultura al servicio de los más poderosos. Esto es aprovechado por el ventajismo de la especulación financiera y la expoliación, donde los pobres son los que siempre pierden. Por otra parte, ignorar la cultura de un pueblo hace que muchos líderes políticos no logren implementar un proyecto eficiente que pueda ser libremente asumido y sostenido en el tiempo.

53.  Se olvida que «no existe peor alienación que experimentar que no se tienen raíces, que no se pertenece a nadie. Una tierra será fecunda, un pueblo dará fruto, y podrá engendrar el día de mañana sólo en la medida que genere relaciones de pertenencia entre sus miembros, que cree lazos de integración entre las generaciones y las distintas comunidades que la conforman; y también en la medida que rompa los círculos que aturden los sentidos alejándonos cada vez más los unos de los otros»[50].

Nuestro comentario:

¿Qué nos quiere enseñar Francisco? Este pesado recorrido suyo a lo largo del primer capítulo
de la Encíclica, lleno de tantas palabras innecesarias y divagaciones, no nos está enriqueciendo con conocimientos nuevos sobre las injusticias del mundo actual. Son cosas que ya sabemos. Y tampoco nos está aportando un análisis teológico que pudiera iluminarnos.

Lo que sí nos está queriendo vender es su perspectiva sobre cuáles cree él que son las causas de la injusticia y cuál la solución: esencialmente, nos dice que son causas políticas, económicas y culturales, no espirituales, y que la solución para todos estos problemas es su Fraternidad Universal.



Esperanza

54.  A pesar de estas sombras densas que no conviene ignorar, en las próximas páginas quiero hacerme eco de tantos caminos de esperanza. Porque Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien. La reciente pandemia nos permitió rescatar y valorizar a tantos compañeros y compañeras de viaje que, en el miedo, reaccionaron donando la propia vida. Fuimos capaces de reconocer cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes que, sin lugar a dudas, escribieron los acontecimientos decisivos de nuestra historia compartida: médicos, enfermeros y enfermeras, farmacéuticos, empleados de los supermercados, personal de limpieza, cuidadores, transportistas, hombres y mujeres que trabajan para proporcionar servicios esenciales y seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas… comprendieron que nadie se salva solo[51].

55.  Invito a la esperanza, que «nos habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive. Nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor. […] La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna»[52]. Caminemos en esperanza.

Nuestro comentario:

¿Esperanza? ¿Sencillamente esperanza? ¿No debería decir esperanza en Dios?
¿Está hablando un líder cristiano o un ateo?

La cuestión es muy sencilla: Sin Dios el hombre es peor que un animal y está abocado a la autodestrucción.
Sin Dios no hay esperanza. La fraternidad de la nueva Torre de Babel no nos salvará. Dios nos salvará.



PARTE 2 y siguientes de esta Reproducción Comentada de la Encíclica:

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NOTAS (por The M+G+R Foundation)

(1) Fuente original y oficial: Texto de la Carta Encíclica "Fratelli Tutti" en Español en el sitio del Vaticano

(2) Notas sobre el formato:

* Nuestros comentarios (The M+G+R Foundation) son los destacados en letra itálica y color azul.

* Hemos destacado en negrita las palabras clave relacionadas con "fraternidad", "hermanos", "padre", "unión mundial", "globalismo", "economía", "cultura" y similares, así como también algunas palabras clave que ayudan a reconocer rápidamente la temática de los distintos párrafos y secciones.

* Y en color rosa las apariciones de las palabras "Dios", "Fe", "Jesús", "Evangelio", "cristiano", "católico" y similares.

* Los números entre corchetes como [35] proceden del original y se corresponden con citas que el lector puede encontrar al pie del documento original del Vaticano.



In English:  Encyclical Letter "Fratelli Tutti" - Francis' new humanist religion

Fecha oficial de publicación de la Encíclica por el Vaticano: 3 de Octubre de 2020

Publicación de esta Reproducción Comentada de la Encíclica: 10 de Marzo de 2021

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