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El Reino Vegetal

¿Acaso Tiene Consciencia?




PROPÓSITO

Esta pregunta puede suscitar sorpresa, inquietud y hasta carcajadas, pero cuando nos topamos con la respuesta - científicamente respaldada - puede que hasta nos quite el habla momentáneamente.

Providencialmente, nos topamos con una serie de libros, uno de los cuales tenía un pequeño artículo sobre dicho tema.  Aunque no había razón para sospechar de la validez de lo reportado, decidimos confirmarlo a través de fuentes independientes. La confirmación fue rotunda y entonces fue cuando decidimos presentar la información a nuestros lectores.


INTRODUCCIÓN

Aunque nosotros ni anunciamos ni vendemos productos de ningún tipo, casi nos sentimos obligados a recomendar una trilogía de libros (1), uno de los cuales nos dio la pista sobre este tema tan intrigante.

¿Por qué dicha recomendación? Porque una lectura detenida del contenido de esos tres libros darán al lector una educación incomparable sobre la humanidad, lo que llamamos civilización y lo que creemos como historia. Si en nuestra manos estuviera, incluiríamos medio curso (obligatorio) por libro en la educación de jóvenes de entre 12 y 18 años.



DETALLES

La Consciencia Vegetal

"Grover Cleveland 'Cleve' Backster (1924) era un agente de la policía especializado en interrogatorios y, como tal, tiene muchísima práctica en el uso del detector de mentiras o polígrafo. Un día de poco trabajo, un tanto aburrido, Cleve decidió conectar una rama a los electrodos de la máquina. Era un simple juego, pero gracias a él, iba a descubrir algo insólito: cuando la planta recibía agua, el detector emitía una señal cuyas características se solían interpretar durante los interrogatorios como un indicativo de bienestar o satisfacción. Tras aquella primera reacción decidió seguir curioseando y quemó la planta. En ese instante, el polígrafo emitió otra señal, diferente pero muy poderosa: un indicativo que en humanos, equivalía al dolor. De forma accidental, Backster acababa de hacer un descubrimiento singular: aparentemente, las plantas son capaces de experimentar sensaciones medibles y cuantificables, del mismo modo que los humanos. A partir de ese instante, Backster comenzó a efectuar experimentos cuyos resultados fueron, para algunos, apasionantes.

Primero repitió la experiencia en diversas situaciones. Desde los primeros ensayos comprobó que, efectivamente, se repetían las reacciones de las plantas conectadas a los electrodos. Luego fue complicando los experimentos. Uno intentaba discernir si las plantas tenían memoria. Para el ensayo se sirvió de la colaboración de seis estudiantes. Uno de ellos tenía que matar a una planta en presencia de otra cuando no hubiera nadie más en la sala, para que nadie más, ni siquiera el propio Backster, supiera quién era el asesino. Luego entrarían uno a uno en la sala (como si se tratara de una rueda de identificación). Antes se habría conectado al polígrafo la planta superviviente, la que había presenciado el crimen, y se probaría si recordaba cuál de los seis era el asesino. Y, al parecer, lo cierto fue que sí, la planta lo identificó. Cuando el culpable entró en la sala, la máquina mostró una serie de trazos enloquecidos.

Backster hizo más pruebas y dedujo que, cuando se le cortaba una parte a una planta, esta daba señales de dolor, aunque enseguida todo volvía a la normalidad. De ello dedujo Backster que la percepción vegetal se producía a nivel celular. Igualmente, estudió cómo reaccionaban las plantas al ataque de los crustáceos, y los resultados fueron sorprendentes: al principio, el detector de mentiras mostraba líneas asociadas al dolor, pero, cuando los ataques se hacían repetidos, esas líneas desaparecían y los ataques no provocaban más sensaciones en las plantas. Es como si se inmunizasen al dolor, como si las plantas establecieran unos mecanismos de defensa.

Un investigador ruso, el psicólogo Benjamin Puskin, quiso contrastar los estudios iniciales de Backster, pero, en su caso, no con un polígrafo, sino con un aparato para medir la actividad cerebral. Huelga decir que el resultado fue idéntico. Ambos investigadores concluyeron en sus informes que los estudios demostraban que existía comunicación celular entre plantas, que se producían por mecanismos desconocidos, pero que su realidad era innegable. Algunos de los descubrimientos de Backster son (aún más) divertidos, pero igualmente importantes en cuanto a significado.

Un ejemplo es el llamado soponcio de las hortalizas, en el que se conectan electrodos a tres tipos diferentes de verduras frescas. Alguien elige una de esas tres para dejarla caer y escaldarla en agua hirviendo. La hortaliza seleccionada " se desmaya ", incluso antes de que se la toque, en cuanto es mentalmente seleccionada: es decir, el polígrafo registra un súbito pico de actividad, seguido de modo abrupto por una línea recta que indica inconsciencia. Las otras verduras continúan como si nada, al menos hasta que la infortunada compañera cae en el agua hirviente; entonces responden con una empática agitación.

Los huevos también se desmayan cuando se decide recogerlos y romperlos y registran una respuesta nerviosa similar cuando se rompe otro huevo a poca distancia. Este descubrimiento es muy consolador para los vegetarianos, al comprobar que los vegetales caen en una especie de coma anestésico en cuanto comprenden lo que les va a pasar. Backster cree que uno debería notificar a la comida que está a punto de convertirse en parte de la cadena alimenticia, a fin de que entre en un coma indoloro y protector.

Otro ejemplo ocurrió cuando Backster recibió en su laboratorio de Nueva York la visita de una botánica de cierta Universidad de Canadá, que quería asistir a una de sus demostraciones. Aunque a él no le gustaban estos alardes, con cierta reticencia le concedió el deseo a aquella mujer. A la hora designada para la demostración, la mujer llamó a la puerta. La hizo pasar y la condujo directamente a donde estaban las plantas. Mientras ella se sentaba a mirar, él conectó los electrodos a varias de las plantas y esperó. Siguió esperando. No había señales, ni siquiera de soponcio. Las agujas no se movían en el polígrafo.

Con una mezcla de bochorno, fastidio e intriga (nunca antes había visto semejante falta de respuesta), pasó un rato trabajando con los electrodos y finalmente renunció. Las plantas no querían hablar, se negaban en redondo. Backster dio por sentado que si las plantas se habían desmayado sería antes de que él las conectara, probablemente cuando la mujer había llamado a su puerta... con algún pensamiento errabundo en la mente.

Tras conversar amablemente unos minutos con ella, le preguntó qué clase de trabajo hacía en la Universidad. Ella respondió alegremente: " En general, reúno plantas, las llevo al laboratorio y las horneo para obtener su peso neto". Estaba claro. Las asustadas plantas habían captado, mediante su extraño y desconocido código comunicativo, que llegaba al laboratorio una sádica que las quería cocer. En cuanto la mujer abandonó el laboratorio, Backster, muy preocupado, regresó junto a sus traumatizadas plantas: allí estaban, por fin tranquilas de nuevo, emitiendo sus normales diseños de tranquilidad en el papel del polígrafo.

En su libro Ciencia y seudociencia, el escéptico James Randi resumió así el final de Cleve Backster: "A decir verdad, este señor no fracasó ante la opinión pública hasta realizar sus últimos experimentos. (...) El hombre descubrió que al conectar dos yogures entre sí con un alambre (por favor, no se rían que esto es ciencia), e introducir a continuación un cigarrillo encendido en uno de los envases , el otro yogur manifestará una reacción en el polígrafo; pero esto sólo se cumple si ambos recipientes de yogur proceden de la misma cultura."

Esto es muy importante. Lo crean o no, esa fue su conclusión y, claro, llegando a este punto perdió algunos seguidores dentro de la comunidad científica".


CONCLUSIÓN

Francamente, son tantas y tan variadas las conclusiones a las que se pueden llegar al meditar sobre esta realidad que dejamos al lector que, iluminado por la Fe que practique, llegue a sus propias conclusiones


EPÍLOGO

Para una multitud de artículos en la Red sobre este sorprendente tema, Pinche Aquí

_________________________
(1) La trilogía es publicada bajo el nombre: "Historia Insólita - Increíble pero cierto"; Director de la colección: Gregorio Doval; Casa Editorial: NOWTILUS
Títulos: "Casualidades, coincidencias y serendipias de la historia" , "Fraudes, engaños y timos de la historia" , "Errores, lapsus y gazapos de la historia"


Publicado en nuestro Dominio el 6 de Febrero  de 2012

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